Temor de Dios y cumplimiento de los votos



1Que no se precipite tu boca ni se apresure tu corazón a proferir palabras delante de Dios, pues Dios está en los cielos y tú en la tierra, por eso sé parco en palabras. 2Mucho que hacer produce sueño y muchas palabras, dichos necios.
3Si haces un voto a Dios no tardes en cumplirlo, pues no le agradan los necios. Lo que prometas cúmplelo. 4Es mejor no hacer votos que hacerlos y no cumplirlos. 5No dejes que tu boca te haga pecar y luego digas a su mensajero que fue un error. ¿Para qué enfadar a Dios con tus palabras y hacer que desbarate la obra de tus manos?
6A muchos sueños, muchas palabras huecas. Tú, teme a Dios. (ECLESIASTÉS 5, 1-6)

5, 2    Mucho que hacer produce sueño, dichos necios

QUE SEAN POCAS LAS PALABRAS EN NUESTRA ORACIÓN A DIOS. "Nosotros no sabemos pedir como nos conviene". Pero puede que no pretenda decir eso ahora, sino que establece no hablar a Dios de manera imprudente. En verdad, nadie que pertenezca a este mundo material y cuyos pensamientos tengan su origen en este mundo, puede hablar sobre Dios -que está entre lo ininteligible y fuera de los sentidos -sin equivocarse. Por eso deice: "Sé parco en palabras", es decir, que sean verdaderas y prudentes. La parquedad me parece que se refiere a algo del mismo orden que el texto siguiente: "Más vale lo poco que tiene el justo, que la inmensa abundancia de los impíos", y también: "Más vale recibir poco con justicia". A los que no tienen en cuenta estas cosas les dice: "Mucho que hacer produce sueño y muchas palabras, dichos necios"...
Habla también de "dichos necios", porque se refiere a palabras mentirosas que hacen equivocarse al alma, por eso tiene el mismo sentido que: "Ante la voz del que me insulta y escarnece". También se puede relacionar la voz del insensato con estas palabras: "En mucho hablar no faltan culpas". EVAGRIO PÓNTICO, Escolios al Eclesiastés, 35.

CALLAR POR HUMILDAD. Ciertamente, si un hombre, sea monje o seglar, vigila su boca y conquista la humildad, los ángles serán sus amigos aquí abajo; su alma será un perfume expandido; día y noche los ángeles llevarán su recuerdo ante Dios. Por lo demás, muchos hombres en el mundo se sirven de esto; por lo que a mí respecta, conozco a muchas personas que han conseguido una gran humildad y han procurado no hablar mal de nadie, sino que se menosprecian a sí mismos en todo momento, alaban a sus compañeros y dicen: "éstá en el poder de Dios el que podamos alcanzar un pequeño lugar en el cielo". TEODORO DE TABENNESI, Fragmentos, 2.

NO PRECIPITARSE A DISCUTIR SOBRE TEOLOGÍA. Si uno se precipita temerariamente, sin conocer los secretos de la sabiduría de Dios y de la Palabra que estaba "en el principio junto a Dios", y que ella misma es Dios; y sin conocer que, según la Palabra y también según Dios y según la Sabiduría que estaba en Él, esto es lo que debe buscarse y hallarse, [entonces] puede suceder que una persona así, cayendo en mitos, charlatanerías y ficciones, se someta a sí mismo al peligro de la impiedad. Por esta razón se debe recordar la exhortación de Salomón en el Eclesiastés sobre estas cosas, cuando dice: "No te apresures a decir palabras delante del rostro de Dios; pues Dios está en lo alto del cielo y tú estás aquí abajo, en la tierra; sean, por tanto, pocas tus palabras. ORÍGENES, Fragmentos sobre Jeremías, 1, 1. 

LA NATURALEZA DIVINA TRASCIENDE NUESTRA INTELIGENCIA. Escucha al Eclesiastés que aconseja no pronunciar palabra delante del rostro de Dios, ya que Dios, dice,  está en lo alto del cielo y tu estás abajo en la tierra.
Pienso que el Eclesiastés, por la afinidad recíproca de estos elementos, o mejor dicho, por su distancia, indica cuánto es más elevada la naturaleza de Dios que la comprensión obtenida por medio de razonamientos humanos.
Cuanto las estrellas son más altas que lo que alcanzan nuestros dedos, tanto (o mucho mejor mil veces más) la naturaleza superior a toda inteligencia está más allá de los razonamientos terrenos.
Teniendo conciencia de cuán grande es la diferencia de la naturaleza, mantengámonos tranquilos dentro de nuestros propios límites. En efecto, es mucho más seguro y más piadoso creer que la majestad de Dios es más que nuestro pensamiento, que circunscribir su gloria dentro de algunas suposiciones y creer que no hay nada más allá de nuestra concepción sobre ella. GREGORIO DE NISA, Contra Eunomio, 2, 1.94-96.

5, 4    Es mejor no hacer votos que hacerlos y no cumplirlos

LA FE SIN OBRAS ES COMO LA PALABRA SIN CUMPLIR. De nada sirve al hombre decir que tiene fe, si lo que promete mediante palabras no lo cumple con sus actos, como dice la Escritura: "Si haces un voto a Dios no tardes en cumplirlo, pues no le agradan los necios". Es mucho mejor no hacer una promesa que no cumplir lo prometido. Y para que podamos entender claramente esto, cuando se trata de nosotros o de nuestros servidores, que alguien me diga si es suficiente que un esclavo le llame "señor" todo el día y no cese de alabarlo, pero no cumpla lo que se le ha ordenado. Por tanto, si las palabras no agradan cuando no van acompañadas de acciones, respecto a Dios ¿cómo puede servir la fe sin obras? Principalmente debemos tener cuidado no sea que pensemos recibir la misericordia de Dios y no temamos su justicia; actuar así no es tener fe. Por otro lado, temer la justicia de Dios hasta el punto de desesperar de su misericordia, tampoco es tener fe. Puesto que Dios no es sólo misericordioso sino también justo, debemos creer ambas cosas, sin temer la justicia hasta el punto de desesperar de su misericordia, ni aferrarnos a su misericordia sin tener en cuenta su justicia. No hay que esperar equivocadamente ni desesperar por debilidad. CESÁREO DE ARLÉS, Sermones, 12, 5.

CUMPLIR LAS PROMESAS HECHAS. Por lo que a nosotros toca, he aquí cómo cumpliremos este precepto. Oramos cuando renunciamos al mundo y nos comprometemos solemnemente a morir a su actos y a sus máximas, para servir al Señor con todo el ardor de nuestra alma. Oramos cuando prometemos renunciar a la gloria del mundo y pisotear las riquezas de la tierra, con el propósito de adherirnos al Señor por la contricción y la pobreza de espíritu. Oramos cuando hacemos voto perpetuo de castidad perfecta y guardar una paciencia inalterable, y cuando decidimos desarraigar por completo de nuestro corazón las raíces de la ira y de esta tristeza que engendra la muerte. Si, infieles a nuestra promesa, la relajación nos enerva y volvemos a nuestro antiguo modo de vivir, nos haremos reos de nuestra oración y de nuestros votos, y podrá decirse de nosotros: "Mejor es no prometer que dejar de cumplir lo prometido". Palabras que, según el griego, podrían expresarse así: "Mejor es no orar, que hacerlo y ser infiel". JUAN CASIANO, Colaciones, 9, 12.

5, 5    No dejes que tu boca te haga pecar

RECOMPENSA PARA LOS QUE FUERON DILIGENTES. Dios, en efecto, tiene prometida una gloria imperecedera en la otra vida a los que sirven fielmente y toman a pecho la observancia de la vida monástica para unirse a Él. Sin embargo, no es menos cierto que tiene aparejadas gravísimas penas para los que se muestren tibios y negligentes en su servicio, y no se preocupan de producir frutos de santidad, de acuerdo con la vida que han profesado y según el concepto que de ellos se han formado los hombres. Así lo enseña la Escritura: "Mejor es no prometer que dejar de cumplir lo prometido". Y en otra parte: "Maldito el que realiza con negligencia la obra de Dios". JUAN CASIANO, Sobre las instituciones de los cenobitas, 4, 33.  

LOS VOTOS DE VIRGINIDAD. Respecto a la virginidad no hemos recibido precepto, sino permitimos el voto a los que lo deseen realizar. Mas exohortamos a éstos que vean de no prometer nada irreflexiva e impremeditadamente, puesto que Salomón dice: "Es mejor no hacer votos que hacerlos y no cumplirlos". Sea, pues, la virgen santa de alma y de cuerpo, como templo de Dios, como casa de Cristo, como morada del Espíritu Santo. Conviene, por tanto, que aquella que ha profesado realice actividades adecuadas con su voto, y que manifieste que su promesa ha sido verdadera y ha sido hecha por deseo de piedad y no por desprecio del matrimonio. Además, no debe estar ociosa ni pasear a cualquier hora; no debe ser de alma doble, sino seria, continente, sobria, pudorosa, y debe huir de las conversaciones con muchos, especialmente con los de mala reputación. Constituciones apostólicas, 4, 14. 


LA BIBLIA COMENTADA
POR LOS PADRES DE LA IGLESIA
ANTIGUO TESTAMENTO; V. 10; pp. 329-332
Obra preparada por
J. ROBERT WRIGHT
Editor general
THOMAS C. ODEN
Director de la edición en castellano
MARCELO MERINO RODRÍGUEZ

0 comentarios

Publicar un comentario