INDAGAR CON SABIDURÍA



13Y me he interesado en buscar e indagar con sabiduría todo lo que sucede bajo el sol. ¡Mal negocio el que Dios encomendó a los hombres para que se ocupasen de él! 14He visto todo lo que se hace bajo el sol y mira: ¡todo es vanidad y empeño vano!
15Lo torcido no se puede enderezar y la nada no se puede enumerar.
16Hablando para mis adentros me dije: "He acumulado una sabiduría que supera a la de todos mis predecesores en Jerusalén, mi corazón ha alcanzado una enorme sabiduría y ciencia". 17Me he interesado en conocer sabiduría y ciencia, desvarío y necedad, y he comprendido que también esto es un empeño vano
18porque mucho saber, mucho sufrir, y a más entendimiento, más padecimiento. (Eclesiastés 1, 13-18)

1, 13    Me he interesado en buscar e indagar con sabiduría

EL INÚTIL AFÁN HUMANO. Habiendo investigado y comprendido sabiamente la naturaleza de todas las cosas terrenas, descubrí que todo era muy complejo. Al hombre se le permite llevar a cabo algunos trabajos en esta tierra, pero en otras ocasiones, por culpa de la tribulación, su esfuerzo es inútil. GREGORIO TAUMATURGO, Paráfrasis al Eclesiastés, 1.

1, 14     ¡Todo es vanidad y empeño vano!

LA VANIDAD ES LO CONTRARIO A LA POBREZA DE ESPÍRITU. Leemos en la sagrada Escritura acerca de la codicia de bienes temporales que "todo es vanidad y presunción de espíritu". Presunción de espíritu quiere decir audacia y orgullo, y así se dice frecuentemente de los soberbios que tienen espíritu fuerte, y con razón, pues la palabra "espíritu" también significa viento, como lo vemos en el salmo que dice: "Fuego, granizo, nieve, hielo y espíritu de tempestades". Más ¿quién ignora lo que se dice de los soberbios: que están hinchados, como si estuvieran inflados de viento? Esto movió al Apóstol a decir: "La ciencia infla, la caridad edifica". Por consiguiente, con razón se entiende aquí que son pobres de espíritu los humildes y temerosos de Dios, es decir, los que no tienen espiritu que infla. No podía empezar de otro modo la bienaventuraza, porque ella debe hacernos llegar a la suma sabiduría, pues "el principio de la sabiduría es el temor de Dios", mientras que, por el contrario, "el origen de todo pecado es la soberbia". Apetezcan, pues, y amen los soberbios el reino de la tierra; pero bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos". AGUSTÍN, Sermón del Señor en la Montaña, 1, 1, 3. 

1, 16    Mi corazón ha adquirido una enorme sabiduría

EL CAMINO DE REGRESO AL BIEN. Lo que sigue nos enseña cuál es el camino de retorno para el extraviado y la manera de escapar del mal y volver hacia el bien. Aquel que "de manera semejante a nosotros ha sido probado en todo, excepto en el pecado", nos habla habiendo sido uno con nosotros. El que tomó nuestras debilidades, por medio de la misma fragilidad de la naturaleza humana nos muestra el camino por el que hemos de salir del mal. Ten en cuenta que la misma Sabiduría habla con nosotros por boca del Salomón carnal, y nos dice las cosas que nos lleva a despreciar más fácilmente aquello que los hombres anhelan. GREGORIO DE NISA, Homilías sobre el Eclesiastés, 2.

1, 17    Me he interesado en conocer sabiduría y ciencia

LA VIDA DE SALOMÓN Y SU EXPERIENCIA. Es Salomón quien dice estas cosas. Ahora bien, Salomón era el tercer rey de Israel, después de Saúl y de David, elegido por el Señor. Él mismo recibió el trono de su padre y fue proclamado rey en una época en que el prestigio de los israelitas gozaba de enorme crédito. Como él no había despilfarrado en la guerra ni en la lucha de bienes de que disponía, sino que podía vivir en paz y con total libertad, se ocupó no en adquirir lo que no poseía, sino más bien en disfrutar lo que tenía en abundancia...
Éste es el orden con que dispuso su narración: en los primeros tiempos de su vida se dedicó al conocimiento y, sin ceder en su empeño ante lo que exigía enormes empeños, usó la libre "voluntad de su espíritu", es decir, el ímpetu de su naturaleza para acrecentar su saber, aunque era a costa de esfuerzos como alcanzaba la meta propuesta. De esta manera, siendo grande en sabiduría, consideró el error apasionado e irracional de los hombres respecto a los goces materiales, y lo hizo no usando la razón sino su experiencia personal, que le llevó a darse cuenta de la vanidad que encierran todas esas cosas que ambicionan. GREGORIO DE NISA, Hmilías sobre el Eclesiastés, 2.

1, 18    A más entendimiento, más padecimiento

EL CONOCMIENTO DE LA LEY NOS HACE CULPABLES DE NUESTRO PECADO. Es, pues, evidente que la antigüedad de la letra, si falta la novedad de espíritu, en lugar de librarnos del pecado nos hace culpables de él por el conocimiento del mismo. Por lo cual está también escrito en otro lugar: "Quien añade ciencia añade dolor"; no porque la ley en sí misma sea un mal, sino porque contiene el precepto bueno solamente en la letra de lo que declara, y no en el espíritu que ayuda. Si cumple el precepto no por amor de la justicia, sino por temor del castigo, se cumple servilmente; no se cumple con plena libertad, y, por consiguiente, no se cumple. Porque el fruto que no brota de la raíz de la caridad no es bueno. AGUSTÍN, Del espíritu a la letra, 14, 26.




La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 10; pp. 283-288
Obra preparada por
J. ROBERT WRIGHT
Editor general
THOMAS C. ODEN
Director de la edición en castellano
MARCELO MERINO RODRÍGUEZ

1 Comentario:

José Manuel Aparicio dijo...

He leído y meditado los comentarios que hacen los Santos Padres como, Dídimo el Ciego, Gregorio Magno, Evangrio Póntico, Ambrosio, Atanasio, Jerónimo, Orígenes, Gregorio de Nisa, Juan Casiano, Pedro Crisólogo, Beda, Agustín, sobre pasajes de las Escrituras y el Eclesiastés, que no entendía o no podía interpretar. Me doy cuenta que sólo con la explicación que ellos dan puedo captar el verdadero que el Espíritu de Dios transmite. Por ejemplo cuando se nos dice que" los pobres de espíritu son los humildes y temerosos de Dios, ya que no tienen espíritu que infla". Que la ciencia o el conocimiento infla y hace soberbio al hombre; la caridad y por ende la humildad edifica. Los soberbios no son pobres de espíritu, pues no tienen verdadero temor de Dios.

Dios derrame sobre ustedes y este "blog" muchas bendiciones. José M. Aparicio

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