La vanidad de la vida humana




1Palabras de Qohélet, hijo de David, rey en Jerusalén.
2¡Vanidad de vanidades -dice Qohélet-, vanidad de vanidades, todo es vanidad!
3¿Qué ventaja saca el hombre de todo lo que trabaja bajo el sol?
4Generación va y generación viene, pero la tierra permanece siempre.
5Sale el sol, y llega el sol jadeando al lugar de donde sale.
6Marcha hacia el sur, gira hacia el norte, el viento va dando rodeos y más rodeos, revolviéndose el viento sobre sí mismo.
7Todos los torrentes van al mar, pero el mar no se llena, por el cauce por el que discurren los torrentes, vuelven a correr.
8Todas las cosas requieren esfuerzo. Nadie puede decir que no se sacia el ojo de ver ni se harta el oído de escuchar.
9Lo que fue es lo que será. Lo que se hizo es lo que se hará. Nada hay nuevo bajo el sol.
10Cuando de algo se dice: "Mira, esto es nuevo", ya existía en los siglos que nos precedieron.
11Nadie se acuerda de los antepasados, ni de los que vengan después se acordará ninguno de sus sucesores.
12Yo, Qohélet, fui rey de Israel en Jerusalén. (Eclesiastés 1, 1-12)

1, 2    Todo es vanidad

ESTE MUNDO PRESENTE NO ES EL FIN. A quienes han entrado en la Iglesia intelectual y se asombran ante la contemplación de los seres creados, les dice la Palabra: No penséis que esto es lo último que se ha prometido para vosotros, porque todo eso es vanidad de vanidades frente a la ciencia de Dios mismo. Lo mismo que las medicinas son inútiles cuando uno se ha curado, así también las razones de los siglos y de los mundos son inútiles una vez conocida la santa Trinidad. EVAGRIO PÓNTICO, Escolios al Eclesiastés, 2.

1, 3    ¿Qué ventaja saca el hombre de todo los que trabaja bajo el sol?

LOS QUE PONEN SU AFÁN EN LO ETERNO. Quienes son ricos en laudables cualidades naturales no sacan nada en absoluto: no van a durar más. Los ricos como los pobres están en idéntica situación: rápidamente pasan la vida y no se quedan mucho tiempo. Así pues, "de todo lo que se fatiga el hombre bajo el sol" no saca nada, no aumentan sus cualidades naturales. En cambio, el que se fatiga y afana en aquello que eleva hacia los bienes eternos e invisibles, sí que obtiene ganancia: de hombre pasa a convertirse en dios, de tener una actitud indiferente a volverse un ser animoso, de cobarde torna a valiente. DÍDIMO EL CIEGO, Comentarios al Eclesiastés, 11, 18.

1, 8    No se sacia el ojo de ver

LA NATURALEZA HUMANA PECADORA NUNCA QUEDA SATISFECHA. Hay que atender a lo que ha dicho el profeta: "El que no dirige su alma a la vanidad". Ha dirigido su alma a la vanidad (hablando ahora de los sufrimientos de esta vida) quien construye las cosas de este mundo, quien edifica las cosas corpóreas. Todos los días nos levantamos para comer y beber y nadie se sacia, pues después de poco tiempo de nuevo tenemos hambre y sed. Todos los días buscamos alguna ganancia y no hay límite para nuestra codicia. "Nunca se sacia el ojo de ver ni el oído de oír", dice [la Escritura]. Quien ama la plata no se saciará nunca de la plata. Jamás tendrá fin su fatiga, y su abundancia nunca producirá frutos. Deseamos conocer cosas nuevas todos los días, pero ¿qué es el conocimiento mismo sino el rechazo de nuesro dolor cotidiano? AMBROSIO, Sobre el bien de la muerte, 7, 28.

1, 9    Nada hay nuevo bajo el sol

DISTINCIÓN ENTRE LO QUE FUE Y LO QUE ES. Que ninguno de los que escuchan piense que aquí hay un exceso e inútil repetición de palabras al establecer la diferencia entre "lo que fue" y "lo que fue hecho". En efecto, el texto indica con cada una de estas expresiones la diferencia que existe entre el alma y la carne. El alma "fue", mientras que el cuerpo "fue hecho". Puesto que la expresiones tienen diverso significado, es por lo que el texto utiliza una expresión después de la otra para significar dos realidades distintas, y para que las palabras utilizadas te permitan reflexionar sobre cada una de esas realidades. Lo que el alma ha sido desde el principio, lo volverá a ser un vez purificada. El cuerpo, modelado por las manos de Dios, "fue hecho", como lo revelará la resurrección en su debido momento. En verdad, tú podrás verlo después de la resurrección tal como fue hecho el primer día. La resurrección no es otra cosa ciertamente que la restauración del estado original. GREGORIO DE NISA, Homilías sobre el Eclesiastés, 1.



La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 10, pp. 270-282
Obra preparada por
J. Robert Wright
Editor general
Thomas C. Oden
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez  

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