Visiones relacionadas con Jerusalén




7El día veinticuatro del mes undécimo- esto es, el mes de Sabat- del año segundo de Darío, fue dirigida la palabra del Señor al proefeta Zacarías, hijo de Berequías, hijo de Idó, de esta manera. 8Esta noche he tenido una visión: un hombre, montando un caballo alazán, estaba parado entre los arrayanes que hay en la hondada. Detrás de él había caballos alazanes, overos y blancos. 9Pregunté: "¿Quiénes son ésos, mi señor?". El ángel que hablaba conmigo me contestó: "Yo te mostraré quiénes son ésos". 10Y el hombre que estaba parado entre los arrayanes dijo: "Son los que ha enviado el Señor a recorrer la tierra". 11Ellos se dirigieron al ángel del Señor que estaba entre los arrayanes y le dijeron: "Hemos recorrido la tierra: está toda ella tranquila y en calma". 12Entonces dijo el ángel del Señor: "¡Oh, Señor de los ejércitos! ¿Hasta cuándo seguirás sin apiadarte de Jerusalén y de las ciudades de Judá, contra las que estás irritado, con éste hace setenta años?". 13El Señor respondió al ángel que hablaba conmigo buenas palabras, palabras consoladoras. 14Y el ángel que hablaba conmigo me mandó proclamar:
"Esto dice el Señor de los ejércitos: "Siento celos por Jerusalén, celo terrible por Sión. 15Estoy lleno de cólera contra las naciones opulentas, que, cuando estuve un poco enojado, ellas agravaron el mal". 16Por eso, así dice el Señor: "Me vuelvo con piedad a Jerusalén; en ella se reedificará mi Templo -oráculo del Señor de los ejércitos-; la cuerda de medir será tensada en Jerusalén". 17Prosigue clamando: "Esto dice el Señor de los ejércitos: De nuevo rebosarán de bienes mis ciudades, de nuevo consolará el Señor a Sión, de nuevo eligirá a Jerusalén".
2(1)Alcé los ojos y tuve una visión: eran cuatro cuernos. 2Pregunté al ángel que hablaba conmigo: "¿Qué significan esas cosas?". Me contestó: "Esos son los cuernos que dispersaron a Judá, a Israel y a Jerusalén". 3El Señor me mostró cuatro artesanos. 4Pregunté: "¿Qué han venido a hacer ésos?". Me respondió: "Aquéllos son los cuernos que dispersaron a Judá, de modo que nadie pudo levantar cabeza; y éstos han venido a espantarlos, a abatir los cuernos de las naciones que embestían con el cuerno a la tierra de Judá para dispersarla". (Zacarías 1, 7-2, 4)
 
1, 8    Esta noche he tenido una visión

DIVERSIDAD DE LOS ÁNGELES DE DIOS. Es evidente que aquellos que fueron vistos son poderes invisibles, enviados para servir, según el divino Apóstol, en beneficio de los que heredan la salvación. Sus naturalezas no son vistas, pues son incorpóreos; el Señor de éstos y de todos los hace visibles según se necesite en cada caso. La divina Escritura claramente nos enseña esto, mostrándonos sus diferentes formas; Daniel lo vio de una manera, y Ezequiel, Isaías y Miqueas de otras. No tienen muchas formas, sino que las naturalezas espírituales son icorpóreas, y el Señor de todo, de acuerdo a la necesidades, prepara sus formas. Esto hizo en el caso del bienaventurado Zacarías: le revela al ángel que conduce al pueblo. Ese ángel era san Miguel. TEODORETO DE CIRO, Comentario a Zacarías, 1, 8-10.

1, 9    El ángel que hablaba conmigo

LA VOZ INTERIOR DE DIOS. "Escucharé lo que en mí hable el Señor Dios". El profeta suplica por el pueblo; habla lo que Dios le dice en su interior y se expresa así: "Escucharé lo que en mí hable el Señor Dios". Estás viendo que Dios no habla al oído, sino al corazón, como dice Zacarías: "Y el ángel que dentro de mí hablaba me dijo". En esta cita el término "ángel" se interpreta como "nuestro Señor", que anuncia la voluntad del Padre y en Isaías es denonimanado "Ángel del gran consejo". "Escucharé lo que en mí hable el Señor Dios": inclinaré el oído de mi corazón para escuchar lo que me diga el Señor Dios. Jerónimo, Serie segunda de tratados sobre los Salmos, 84. 




La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 16, pp. 296-298
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez 

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