Purificación simbólica de Josué



3Josué iba cubierto con vestiduras sucias, de pie ante el ángel. 4Éste tomó la palabra y dijo a los que estaban delante de él: "Quitadle las vestiduras sucias". Y le dijo a él: "Mira, aparto de ti tu culpa; te vestiré con traje de fiesta". 5Luego añadió: "Ponedle una diadema limpia en la cabeza". Le pusieron una diadema limpia en la cabeza y le cubrieron con una vestidura, mientras el ángel del Señor permanecía en pie.
6El ángel del Señor hizo a Josué esta advertencia: 7"Esto dice el Señor: Si andas por mis caminos y guardas mis mandamientos, tú también gobernarás mi Templo y custodiarás mis atrios; y te daré entrada entre estos que están presentes. 8Escucha, Josué, sumo sacerdote, tú y tus compañeros que se sientan ante ti, pues son hombres de presagio: he aquí que Yo voy a traer a mi siervo "Brote". 9Y he aquí la piedra que he puesto delante de Josué. En esta piedra única hay siete ojos; Yo mismo labraré su talla -oráculo del Señor de los ejércitos- y quitaré la culpa de esta tierra en un solo día. 10Aquel día -oráculo de Señor de los ejércitos- cada cual invitará a su prójimo bajo la parra y bajo la higuera". (Zacarías 3, 3-10) 

3, 3    Josué iba cubierto con vestiduras sucias

PROFECÍA SOBRE EL PERDÓN DE LOS PECADOS MEDIANTE EL BAUTISMO. Elías nos profetizó abiertamente, por este admirable sacrificio, la institución del bautismo que en un futuro debía llevarse a cabo. Pues el fuego se encendió una vez derramada el agua por tres veces, para simbolizar que donde está el agua mística, allí está también el Espíritu vivificante, ardiente, igneo, que quema a los impíos e ilumina a los fieles. Más aun; también su discípulo Eliseo, cuando Naamán el sirio, que estaba enfermo de lepra, vino a él suplicante, limpia al enfermo haciendo que se lave en el Jordán, mostrando así claramente, mediante el uso habitual del agua y, más en concreto, mediante el baño en el río, el futuro que había de venir. En efecto, de entre los ríos, sólo el Jordán, tras recibir en sí mismo las primicias de la santificación y la bendición, difundió la gracia del bautismo a todo el mundo, desde sí mismo, como desde una fuente de su propia figura. Estas cosas han sido realizadas y han acontecido como señales del nuevo nacimiento en el lavatorio. Consideramos a continuación algunas profecías que han tenido lugar por medio de palabras y locuciones. Isaías clamaba, diciendo: "Lavaos y purificaos; apartad las inmundicias de vuestras almas". Y David: "Acercaos a él y llenaos de luz, y vuestros rostros no se llenarán de confusión". Y Ezequiel escribiendo más clara y abiertamente que esos dos, ofrece una buena promesa: "Y derramaré sobre vosotros agua viva, y seréis purificados de todas vuestras inmundicias, y os limpiaré de todos vuestros ídolos; y os daré un corazón nuevo; y arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne, y pondré mi espíritu en vosotros". Con mayor fuerza aún, también Zacarías profetiza a Jesús, vestido con vestidura sucia, es decir, vestidura propia de siervo, nuestra carne; y despojado de su triste vestidura, lo adorna con una estola limpia y luminosa, enseñándonos por medio de este ejemplo figurado, que todos, en el bautismo de Jesús, somos despojados del pecado como de una vestidura de mendigo, hecha de remiendos, y en cambio nos revestimos de la vestidura sagrada y hermosísima del nuevo nacimiento. GREGORIO DE NISA, Sobre el bautismo de Cristo.

3, 8    Voy a traer a mi siervo "Brote"

JESÚS PREDICHO COMO "ORIENTE". Sobre esto también ha hablado mediante la boca de Ezequiel, diciendo: "Pondré sobre ellos un pastor que los apacentará, mi siervo David; él los apacentará y será mi pastor, y yo, el Señor, seré su Dios y mi siervo David será príncipe en medio de ellos". En verdad el rey David ya había muerto y por ello es anunciado con ese nombre el verdadero David, el auténticamente humilde, el manso y fuerte de verdad: el Hijo de Dios. También se hace referencia a Él en el libro del profeta Zacarías, allí donde Dios Padre dice: "He aquí que yo mandaré a mi siervo, cuyo nombre es Oriente". Pues aunque llevaba vestidos sucios, ¿no tenía el sol de justicia el fulgor de su divinidad? AMBROSIO, Cartas, 7, 39, 11.




La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 16; pp. 304-307
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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