Llamada del Señor al arrepentimiento



1El octavo mes del año segundo de Darío fue dirigida esta palabra del Señor al profeta Zacarías, hijo de Berequías, hijo de Idó: 2"El Señor se irritó mucho con vuestros padres. 3Ahora les dirás: "Esto dice el Señor de los ejércitos: Volved a Mí -oráculo del Señor de los ejércitos-, y Yo me volveré a vosotros -dice el Señor de los ejércitos. 4No seáis como vuestros padres, a quienes los antiguos profetas predicaban: Esto dice el Señor de los ejércitos: Convertíos de vuestros malos caminos y de vuestras malas obras; pero no me escucharon ni me hicieron caso -oráculo del Señor-. 5Vuestros padres ¿dónde están? Y los profetas ¿vivirán para siempre? 6En cambio, mis palabras y mis preceptos, que mandé a mis siervos, los profetas, ¿no se cumpleron en vuestros padres? Por eso se convirtieron y dijeron: Según el Señor de los ejércitos había dispuesto hacer con nosotros, a causa de nuestros caminos y nuestras obras, así lo hizo con nosotros". (Zacarías 1, 1-6)

1, 3    Volved a Mí... y Yo me volveré a vosotros

LA GRACIA DE DIOS NO SE BASA EN LOS MÉRITOS. Cuando Dios dice: "Volveos a mí, y Yo me volveré a vosotros", parece que una de estas proposiciones pertenece a nuestra voluntad -que nos volavamos a Él-; y la otra, en cambio, corresponde a la gracia -que Él se vuelva a nosotros-. Y los pelagianos podrían ver en ellas su pensamiento, en virtud del cual afirman que la gracia de Dios se nos confiere según  nuestros méritos. Lo que ciertamente Pelagio no se atrevió a sostener en Jerusalén de Palestina cuando fue oído por los obispos. Porque entre otras cosas que se le reprocharon allí, una de ellas fue el afirmar que la gracia se nos confiere según nuestros méritos, lo que es tan ajeno y contario a la doctrina católica y la gracia de Cristo, que si él no hubiera rechazado tal proposición, de allí hubiera salido excomulgado. Pero la rechazó con falsedad, toda vez que sus libros posteriores, en los que no define otra cosa, muestra que la gracia de Dios se nos da según nuestros méritos. Los pelagianos deducen estos pensamientos de textos de la Escritura, como el aducido al principio de este capítulo: "Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros", interpretándolos en el sentido de que, según sea el mérito de nuestra conversión a Dios así se nos dará la gracia, mediante la cual el Señor se vuelve a nosotros. Y no reparan los que así piensan que, si nuestra conversión a Dios no fuese gracia suya, no le diríamos: "Dios de las virtudes, vuélvenos a ti"; y "Dios, tú, convirtiéndonos a ti, nos vivificarás"; y "Vuélvenos a ti, Dios de nuestra salud"; y muchísimos otros textos que sería largo de enumerar. Porque el venir a Cristo, ¿qué otra cosa es sino que el volver a Él por la fe? Y con todo, dijo Jesús: "Nadie puede venir a mí si el Padre no le trae". AGUSTÍN, Sobre la gracia y el libre albedrío, 5, 10.

DIOS AMA Y PERDONA. No todos los que ven son iluminados por Cristo de la misma manera, sino que cada uno lo es en la medida en que es capaz de recibir la fuerza de la luz. Y como los ojos de nuestro cuerpo no son iluminados de la misma manera por el sol, sino que, cuanto más haya subido uno a lo alto y haya contemplado su nacimiento desde la visión de un observatorio más elevado, tanto más percibirá su resplandor y su calor, así también nuestra mente: cuanto más alto y de modo más sublime se haya acercado a Cristo y más cerca se haya expuesto al resplandor de su luz, con tanta mayor magnificencia y calridad será irradiada por su luz, como Él mismo dice por medio del profeta: "Acercaos a mí y yo me acercaré a vosotros, dice el Señor"; y todavía: "Yo soy un Dios cercano y no un Dios lejano". ORÍGENES, Homilías sobre el Génesis, 1, 7.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 16, pp. 294-296
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez
Editorial: Ciudad Nueva

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