desolación de la ciudad




2Contra ti sube un agresor: "Monta la guardia en la fortaleza, vigila los caminos, cíñete la cintura, ármate bien de fuerza". 3Porque el Señor devuelve la majestad de Jacob, la majestad de Israel: unos salteadores habían asolado y arrancado sus sarmientos. 4Rojos son los escudos de sus guerreros, de escarlata van vestidos sus soldados, de fuego refulgen los hierros de sus carros el día que se aprestan para el combate blandiendo las lanzas. 5Por las calles corren enloquecidos los carros, con estruendo de ruedas por las plazas, parecen antorchas que zigzaguean como relámpagos. 6Se arenga a los capitanes, que tropiezan en sus carreras; se apresuran hacia las murallas, se organiza la cobertura de escudos. 7Se abren las compuertas de los canales, cunde el pánico en el palacio. 8La gran Señora  es desnudada, llevada fuera, sus sirvientas gimen como palomas, dándose golpes de pecho. 9Nínive es como una alberca de aguas, de aguas que se escapan. "¡Deteneos, deteneos!". Pero nadie se vuelve. 10"¡Saquead la plata, saquead el oro!". Las reservas no tienen fin: hay toda clase de objetos preciosos. 11Desolación, expoliación, devastación, corazones desfallecidos, temblor de rodillas, convulsión de caderas, los rostros de todos están enrojecidos.
12¿Dónde está el antro de los leones, el cubil de los cachorros, adonde iba el león a cuidar a los leoncillos sin que nadie los asustase? 13El león hacia presa según necesitaban sus cachorros, y mataba para sus leonas, y llenaba de presas sus cavernas y de animales despedazados sus guaridas. 14"¡Aquí estoy Yo contra ti! -oráculo del Señor de los ejércitos-. Prenderé fuego a tus carros, los reduciré a ceniza; la espada devorará tus cachorros; pondré fin a tus rapiñas en la tierra, y nunca más se oirá la voz de tus enviados".
3.1¡Ay de la ciudad sanguinaria, toda ella mentira, repleta de rapiñas, insaciable de presas! 2Chasquidos de látigo, trepidar de ruedas, caballos a galope, brincos de carruajes. 3Jinetes a la carga, refulgir de espadas centellear de lanzas, multitud de víctimas, montones de muertos, cadáveres sin fin, cuerpos en los que se tropieza. 4Por las muchas fornicaciones de la prostituta, la bella de encantos, la maestra de hechizos, que hacía mercados de pueblos con sus fornicaciones y de naciones con sus hechizos. 5"¡Aquí estoy Yo contra ti!" -oráculo del Señor de los ejércitos-. Yo levantaré tus faldas hasta la cara, mostraré a las naciones tu desnudez y a los reinos tus vergüenzas. 6Echaré sobre ti inmundicias, te afrentaré y te expondré como ludibrio. 7De modo que cualquiera que te vea se apartará de ti diciendo: "¡Devastada está Nínive!" ¿Quién se apiadará de ella? ¿Dónde encontraré quien te consuele?".
8"¿Eres tú mejor que No-Amón, la asentada en los canales del Nilo? Estaba rodeada de aguas con el mar por baluarte y las aguas por muralla. 9Etiopía y Egipto eran su fuerza, no tenía confines; Put y Libia eran sus auxiliares. 10Pues también ella fue llevada al desierto, conducida al cautiverio; también sus pequeños fueron estrellados en las esquinas de todas las calles. Sobre sus nobles echarón suertes, a sus magnates los cargaron de cadenas. 11También tú te embriagarás, serás olvidada; también tu seguirás buscando refugio frente al enemigo.
12"Todas tus fortalezas son higueras cargadas de brevas: si son sacudidas caen a la boca de quien se las ha de comer. 13Mira a tu pueblo: como mujeres en medio de ti. Frente a tu enemigo se han abierto de par en par las puertas de tu país; el fuego ha consumido tus cerrojos. 14Haz acopio de agua para el asedio, refuerza tus plazas fuertes; pisa la arcilla, apisona la argamasa, agarra el molde de ladrillos, 15que allí te consumirá el fuego, te tajará la espalda, te devorará como langosta. Multiplícate como la langosta, multiplícate como el saltamontes. 16Has acrecentado tus mercaderes como las estrellas de los cielos, pero son como langostas que despliegan sus alas y echan a volar. 17Tus guardias son como saltamontes, tus escribas como ejambre de langostas, que se posan en las cercas en día de helada; al brillar el sol emigran a no se sabe dónde.
18"¡Se han dormido tus pastores!, rey de Asiria. Tus capitanes se han adormecido, tu pueblo se ha dispersado por los montes y no hay quien lo reúna. 19No hay remedio para tu quebranto, tu herida es incurable. Todos los que oyen noticias de ti aplauden por tu suerte, porque ¿sobre quién no ha pasado tu continua maldad?" (Nahum, 2, 2-3, 19)

2, 2   Contra ti sube un agresor

EFUSIÓN DEL ESPÍRITU SANTO. "Subió soplando en tu rostro, rescatándote de la tribulación". Dios realiza esto por medio de una clase de soplo y gracias a su consideración por ti, porque Él destruye las tribulaciones y te libera de ellas. De la misma manera que insuflando el soplo de la vida en Adán lo hizo alma viva, así también te proporciona la salvación con el soplo de la vida. Esto también se lo dio a los santos apóstoles el Señor Jesucristo después de la resurrección. Puesto que Adán perdió lo que había recibido a modo de imagen mediante el soplo divino, era razonable que el Señor Jesucristo renovase esa imagen y la devolviese a los santos apóstoles, y, a través de ellos, a todos los creyentes, soplando sobre ellos y diciendo: "Recibid el Espíritu Santo". Y puesto que lo antiguo es un modelo de lo nuevo, pensemos que el reino de los asirios fue destruido al igual que la tiranía del diablo acabó por medio del Señor Jesucristo. Teodoreto de Ciro, Comentario a Nahum, 2, 1.

2, 6   Cunde el pánico

LOS MONTES, METÁFORA DE LAS COSAS CONTRARIAS A DIOS. ¿Es éste el único lugar en el que leemos "sustancia"? ¿No se ha dicho en otra ocasión: "Las puertas de la ciudad se rompieron, los montes cayeron y fue revelada la sustancia?". ¿Quizás aquí también se refiere a la criatura? Algunos suelen afirmar que la sustancia se refiere al dinero. Por tanto, si se da ese significado, ¿a qué patrimonio pecuniario se puede referir la expresión "cayeron los montes"? Mas recordemos cuáles son los montes que cayeron. En verdad aquellos de los que se dijo: "Si tuviereis fe como un grano de mostaza, diríais a este monte: Levántate de ahí y arrójate al mar". Por tanto los montes son las cosas que se ensalzan a sí mismas. Ambrosio, Sobre la fe, 3, 14, 115-116.

3, 1   La ciudad sanguinaria

LÁGRIMAS POR LOS PECADORES. Lamentémonos con Nahum y digamos con él: "Ay del que edifica en alto su casa!". Lamentémonos por ellos como Cristo hizo entonces con las palabras que siguen: "¡Ay de vosotros, los ricos, porque habéis recibido vuestra recompensa y vuestro consuelo". Por lo tanto, os lo ruego, no cesemos también nosotros de lamentarnos, y, si no es vergonzoso, golpeémonos por la apatía de nuestros hermanos. No lloremos por el que ya ha muerto, sino por el ladrón, el ambicioso, el avaricioso, el insaciable. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Juan, 64, 4.



La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 16, p. 239-242
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez
Editorial: Ciudad Nueva

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