salvación de Israel



14Apacienta a tu pueblo con tu cayado, al rebaño de tu heredad, que habita solitario en los sotos, en medio de huertos fértiles. Que pasten en Basán y Galaad como en los días de antaño. 15Como en los días de la salida de Egipto, muéstranos los prodigios. 16Al verlos, quedarán avergonzadas las naciones de toda su prepotencia; se llevarán la mano a la boca y se taparán los oídos. 17Lamerán el polvo como serpientes, como reptiles de la tierra; saldrán temblando de sus refugios hacia el Señor, nuestro Dios, y se asustarán de Ti y te temerán.
18¿Qué Dios hay como Tú, que quita la iniquidad, y pasa por alto el delito del resto de tu heredad? Porque no guarda su ira para siempre, y se complace en la misericordia. 19Volverá a compadecerse de nosotros, sepultará nuestras iniquidades y lanzará al fondo del mar todos nuestros pecados. 20Darás tu fidelidad a Jacob, tu misericordia, a Abrahán, las que juraste a nuestros padres desde los tiempos antiguos. (Miqueas 7, 14-20)

7, 15   Los días de la salida de Egipto

EL ÉXODO PREFIGURA EL BAUTISMO. Oíd lo que es más admirable. Los misterios velados y ocultos de los libros antiguos, no pocos son revelados en parte por otros libros del Antiguo Testamento. Así el profeta Miqueas habla de esta manera: "Durante los días de su salida de la tierra de Egipto, les mostraré maravillas"... También poco después presenta con luz meridiana a nuestros mismos enemigos, quienes al huir de nosotros nos perseguían para matarnos, es decir, a nuestros pecados, que, como egipcios sepultados en el mar, fueron sumergidos y extinguidos en el bautismo; y así dice: "Porque es amante y misericordioso, Él volverá y se compadecerá de nosotros, sepultará nuestros delitos; sepultará en el fondo del mar todas nuestras iniquidades". Agustín, Enarraciones sobre los Salmos, 113, 1, 4.

7, 18   ¿Qué Dios hay como Tú?

NO PERMITIR QUE EL DIABLO SIEMBRE DUDAS. Cuando nos encontremos en medio de alguna adversidad de este mundo, cuando nos afecte un dolor físico o la pérdida de hijos o de otros familiares, no atendamos al [diablo] que pregunta: "¿Dónde está tu Dios?". Cuando nos afecte un grave dolor sin cesar, entonces debemos vigilar las tentaciones, que tratarán de alejar del camino recto al alma afligida. De esta manera, el alma que no atiende a quien le tiende asechanzas, viendo luego las maravillas de Dios, viéndose en el cielo y por el contrario al diablo "como una serpiente que se arrastra por tierra", se alegrará diciendo: "¿Qué Dios hay como Tú, que quita los pecados y pasa por alto el delito? Ambrosio, Cartas, 5, 18, 22-23.

7, 19   Volverá a compadecerse de nosotros

PERDONEMOS COMO DIOS NOS PERDONA. Debemos dar la túnica a quien está completamente desnudo. ¿Quién es el hombre sin túnica? El que está privado absolutamente de Dios. Por consiguiente debemos despojarnos para vestir al que está desnudo. Uno posee a Dios, otro -es decir la fuerza enemiga- está totalmente privado. Y así como está escrito: "Arrojemos nuestros pecados al fondo del mar", lo mismo hay que arrojar lejos nuestros vicios y pecados para lanzarlos sobre el que fue para nostros causa de ellos. "Y el que tenga alimentos que haga lo mismo". El que tenga comida, que reparta entre los que no tienen para que pueda recibir no sólo los vestidos, sino también de qué comer. Orígenes, Homilías sobre el Ev. de Lucas, 23, 4. 



La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 16, p. 231-233
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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