destrucción y restauración de Israel


1Vi al Señor que estaba junto al altar, y decía: "Golpea los capiteles y que se tambaleen los umbrales: párteles la cabeza a todos, que Yo remataré a espada a los que queden. No ha de escapar de ellos ni un fugitivo, ni quedar un superviviente. 2Aunque penetren en el seol, de allí los arrancará mi mano. Aunque suban hasta los cielos, de allí los haré bajar. 3Aunque se escondan en la cumbre del Carmelo, allí los buscaré y los atraparé. Aunque se oculten a mis ojos en el fondo del mar, allí mandaré a la serpiente que los muerda. 4Aunque vayan en cautividad ante sus enemigos, allí mandaré la espada que los mate. Clavaré en ellos mis ojos para el mal y no para el bien".
5El Señor, Dios de los ejércitos, el que toca la tierra y tiembla y hacen duelo cuantos en ella habitan, y toda ella se eleva como el Nilo, y desciende como el río de Egipto; 6Él construye en los cielos su solio excelso y asienta su bóveda en la tierra; Él llama a las aguas del mar y las derrama sobre la faz de la tierra: el Señor es su Nombre.
7"¿No sois para Mí vosotros, hijos de Israel, como los hijos de los etíopes? -oráculo del Señor-. ¿No hice Yo subir a Israel de la tierra de Egipto, y a los filisteos de Creta, y a los sirios de Quir? 8Mirad, los ojos del Señor Dios están sobre el reino pecador: lo haré desaparecer de la faz de la tierra. Pero no haré desaparecer del todo a la casa de Jacob -oráculo del Señor- 9Que Yo soy el que ordena, y mandaré cernir en todas las naciones a la casa de Israel, como se cierne con la criba: ningún guijarro caerá a tierra. 10Morirán a espada todos los pecadores de mi pueblo, que van diciendo: "No nos tocará, ni nos alcanzará la desgracia".
11"Aquel día alzaré la cabaña caída de David. Repararé sus brechas, levantaré sus ruinas, y las reedificaré como en los días de antaño, 12para que tomen posesión los restos de Edom y de todas las naciones en las que ha sido invocado mi Nombre -oráculo del Señor, que hace estas cosas-. 13Mirad que vienen días -oráculo del Señor-, en que quien ara seguirá de cerca al segador, y quien pisa la uva al sembrador. Los montes destilarán mosto y fluirá por todos los collados. 14Haré tornar a los cautivos de mi pueblo Israel; reconstruirán las ciudades y la habitarán. Plantarán viñas y beberán su vino; cultivarán huertos y comerán sus frutos. 15Los asentaré en su tierra, y no serán arrancados más de su tierra, la que les había dado Yo, dice el Señor, tu Dios". (Amós 9, 1-15)

9, 1   Vi al Señor que estaba junto al altar

DIOS ES VISTO SEGÚN NUESTROS OJOS, NO EN SU ESENCIA. Juan, ¿qué es lo que entiendes? Dímelo. "Nadie ha visto a Dios". Entonces ¿qué debemos pensar de los profetas, que afirman que ellos vieron a Dios? En efecto, Isaías afirma: "Yo vi al Señor sentado sobre un trono excelso y elevado". Y Daniel: " Yo vi que se prepararon unos tronos y un anciano se sentó". Y Miqueas: "Yo vi al Señor, Dios de Israel, sentado sobre su trono". Y otro profeta también dice: "He visto al Señor delante del altar del sacrificio y me ha dicho: "¡Golpea el capitel!". Y puedo aducir muchos otros testimonios del mismo género.
Entonces, ¿cómo puede decir Juan: "Nadie ha visto a Dios"? Él habla de una comprensión perfecta, de un conocimiento claro de Dios. Todas esas visiones fueron el resultado de su condescendencia, pero ninguno de los profetas vio íntegramente su esencia, y esto es así por el hecho de cada uno vio una cosa distinta a la de los otros. En efecto, Dios es simple, no tiene composición ni figura, y todos esos profetas vieron figuras diferentes. Por lo demás, Dios muestra esto por boca de otro profeta y demuestra que ellos no vieron su propia esencia, cuando dice: "Yo multiplicaré las visones y por medio de los profetas hablaré en parábolas". Con otras palabras: Yo no les he mostrado mi propia esencia, sino que por condescendencia me he acomodado a la debilidad de sus ojos. Juan Crisóstomo, Homilías sobre la incomprensibilidad de Dios, 4, 18-19.

9, 3   Mandaré a la serpiente que les muerda

EL DEMONIO HERIDO POR EL SEÑOR HERIDO. Al ser sustentado el pequeño por el ejemplo del grande hecho pequeño, el diablo perdió lo que tenía, porque el soberbio sólo retenía soberbios. Al ofrecerse tan gran ejemplo de humildad, aprendieron los hombres a condenar su soberbia y a imitar la humildad de Dios. Así pues, perdiendo aquél a los que retenía, fue humillado, y no fue corregido, sino derribado. "Tú humillaste al soberbio como a un herido". Fuiste humillado y humillaste, fuiste herido y heriste, pues a él le hirió tu sangre, la cual fue derramada para borrar el decreto de muerte de los pecadores. ¿Por qué, pues, se ensoberbecía? Porque era nuestro fiador. Pero tú cancelaste esta fianza, este decreto, con tu sangre. Luego heriste a quien arrebataste tantos hombres. Entiende, pues, que el diablo fue herido sin ser desgarrada su carne, que no tiene; fue herido punzando el corazón, en donde se halla la soberbia. "Y con el poder de tu brazo dispersaste a tus enemigos". Agustín, Enarraciones sobre los Salmos, 88, 11. 

9, 6   Construye en los cielos su solio

PROFECÍA SOBRE LA ASCENSIÓN. Las inteligencias celestiales admiraban la Jerusalén que está arriba, y por boca de Isaías decían: "¿Quiénes son estos que vuelan como las nubes y como palomas con sus pichones hacia a mí?". Si esta ascensión nos la preparó Cristo, será aquel Cristo del que Oseas dice: "El que edifica su ascensión al cielo", evidentemente para sí y para los suyos. Tertuliano, Contra Marción, 5, 15, 4. 


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 16, p. 162-164
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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