la redención del Señor


18El Señor tuvo celos de su tierra y se apiadó de su pueblo.
19Y respondió el Señor, y dijo a su pueblo: "Yo os enviaré el trigo, el vino y el aceite, y os saciaréis de ellos; y no os entregaré más al aprobio de las naciones.
20Al pueblo del norte lo alejaré de vosotros, y lo echaré a una tierra árida y desolada: su frente, hacia el Mar de Levante, su espalda, hacia el Mar de Poniente. Subirá su hedor, ascenderá su pestilencia, porque se glorió en sus obras.
21¡No temas, tierra; alégrate y regocíjate, porque el Señor actúa de modo grandioso. 22No temáis, bestias del campo, que los pastizales del desierto reverdecerán, que los árboles volverán a dar su fruto, la higuera y la viña darán sus riquezas. 23Y vosotros, hijos de Sión, alegraos y regocijaos en el Señor, vuestro Dios, porque os volverá a dar la lluvia oportuna de otoño, derramará para vosotros la lluvia, la de otoño y la de primavera, como al principio. 24Las eras se llenarán de grano, los lagares rebosarán de mosto y de aceite. 25Os compensaré por los años que devoraron la langosta, el saltamontes, el gusano y la oruga, mi enorme ejército, que envié contra vosotros. 26Comeréis en abundancia hasta saciaros, y alabaréis el Nombre del Señor, vuestro Dios, que hizo maravillas en favor vuestro, y mi pueblo no será jamás avergonzado. 27Y sabréis que Yo estoy en medio de Israel, que Yo, el Señor, soy vuestro Dios, y no hay otro; mi pueblo no será jamás avergonzado" (Joel 2, 18-27).

2, 20   Al pueblo del norte lo alejaré de vosotros

IDENTIFICACIÓN DE LOS DEL NORTE. "Al pueblo del norte lo alejaré de vosotros", tanto a asirios como a babilonios. Alguien puede preguntar: si, por su posición Babilonia no está en el norte de Jerusalén, como dice [Dios] por medio del profeta, ¿a qué "pueblo del norte alejaré de vosotros" y "surgirá del norte una desgracia para este pueblo"? Nosotros respondemos: En primer lugar, estas palabras no tienen en cuenta la posición local de Babilonia ni de Jerusalén, sino que hacen referencia a los pueblos nórdicos sometidos a los babilonios: los arzanitas, los araratitas, etc., que bajarían con los babilonios hasta Jerusalén. En segundo lugar, porque los que desean ir a Jerusalén desde las regiones de Babilonia, Persia y del Oriente suben hacia el norte y después bajan hacia Jerusalén como si fuera hacia el sur. Iso'dad de Merw, Comentario al profeta Joel, 2, 20.

EL DEMONIO ARROJADO. Esto también es justo entenderlo del diablo, de quien el profeta Joel atestigua dicendo: "Y al que baja del norte lo alejaré de vosotros y lo echaré a una tierra de aridez y desolación; y echaré su vanguardia a aquel primer mar y su retarguardia al mar novísimo". Te damos gracias, Señor, por tus disposiciones. Porque ¿qué haría el diablo si estuviera libre, cuando aflige al mundo aunque está atado? Casiodoro, Comentario a los Salmos, 36, 35. 

2, 22   Los árboles volverán a dar su fruto

EL ÁRBOL, SÍMBOLO DE LA CRUZ. El mismo David decía que el Señor había de reinar desde el leño. Y en otro pasaje anuncia el fruto de este leño diciendo: "La tierra ha dado sus bendiciones", es decir aquella tierra virgen no regada aún por la lluvia ni fecundada por el agua, de la que al principio fue plasmado el hombre y de la que ahora Cristo ha nacido, según la carne, de la Virgen. Dice la Escritura: "El árbol ha dado fruto", no aquel árbol del paraíso que les trajo la muerte a los primeros hombres, sino el árbol de la pasión de Cristo, del que no creísteis que pendía la vida. Tertuliano, Contra los judíos, 13, 11. 

LA HIGUERA Y LA VID COMO SÍMBOLOS. La higuera por su dulzura y exuberancia, nos recuerda las delicias del paraíso en que vivía el hombre antes de la caída. Y a la verdad, más de una vez significó el Espíritu Santo la virtud y santidad por el fruto de la higuera, como luego veremos. La vid, por la alegría que causa el vino y por el gozo de los que se vieron libres del castigo del diluvio, indica la mudanza de sentimientos que experimentaron, pasando del terror y la angustia a la alegría y el regocijo. El olivo, en fin, por la naturaleza de su aceite, designa la misericordia de Dios, con que de nuevo toleró tan pacientemente a los hombres cuando, habiendo vuelto éstos después del diluvio a sus antiguas abominaciones, les dio, no obstante, la ley del Sinaí, y se manifestó a algunos de ellos, reavivando con nuevo aceite la luz de la virtud, a punto ya de extinguirse. Metodio, El Banquete, 10, 2.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 16, p. 116-118
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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