libre rechazo al arrepentimiento


11Cuando Yo cambie la suerte de mi pueblo. 7.1Cuando quiero sanar a Israel queda al descubierto la iniquidad de Efraím y las maldades de Samaría; porque se ejercitan en la mentira. Los ladrones penetran en casa, y afuera asaltan los bandidos. 2No toman en consideración que Yo recuerdo todas sus maldades. Ahora les han acorralado sus obras, que están presentes ante Mí. 3Con sus malicias deleitan al rey, y con sus lisonjas a los príncipes. 4Todos ellos son adúlteros, como horno encendido que el panadero deja de atizar desde que mezcla la masa hasta que fermenta. 5El día de nustro rey los príncipes se debilitan por el ardor del vino, y él extiende la mano a los burlones. 6Arriman su corazón, que es como un horno, para intrigar; toda la noche su ira está adormecida, pero arde a la mañana como fuego en llamas. 7Todos ellos abrasan como un horno, y devoran a sus gobernantes. Todos sus reyes han caído, pero nadie de ellos me invoca.
   8Efraím se mezcla con los pueblos, Efraím es una torta sin dar la vuelta. 9Los extranjeros devoran su vigor, y él, sin enterarse; ya le han salido las canas, y él, sin enterarse. 10La arrogancia de Israel se delata en su cara, pero no se convierten al Señor, su Dios, ni le buscan, a pesar de todo esto. 11Efraím es como una paloma, ingenua, sin cordura: llaman a Egipto, acuden a Asiria. 12Donde quieran que vayan, sobre ellos tenderé mi red; los abatiré como a pájaros del cielo, los castigaré en cuanto se oiga su bandada.
   13¡Ay de ellos, que se apartaron de Mí! ¡Ruina para ellos, que se rebelaron contra Mí! ¿Y Yo, habré de rescatarlos cuando ellos propalan mentiras contra Mí? 14No me invocan de corazón, cuando ululan en sus lechos; se hacen incisiones por trigo y mosto y son contumaces en revelarse contra Mí. 15Yo adiestré, fortalecí sus brazos, pero ellos cavilaron el mal contra Mí. 16Se vuelven al que no sirve de nada, son como un arco que falla. Sus príncipes caerán a espada por las bravatas de su lengua; éste será su escarnio en la tierra de Egipto (Oseas 6, 11-7, 16).

7, 2   Yo recuerdo todas sus maldades

TODO SERÁ DESCUBIERTO. Es necesario que cada uno guarde su propio corazón con toda vigilancia posible. En efecto, el día del juicio "el Señor vendrá, iluminará los secretos de las tinieblas y pondrá de manifiesto los deseos de los corazones", todos los pensamientos del hombre: "Aquellos que los acusan lo mismo que los que los defienden", cuando sean rodeados por sus propias intenciones. Ahora bien, los pensamientos malos son tan fuertes que a veces llegan a censurar lo que parece bueno y, por lo menos a juicio de la gente, es digno de alabanza. Orígenes, Comentario al Ev. de Mateo, 11, 15.

7, 4-7   Como horno encendido

LA DOBLE VIDA DE LOS ADÚLTEROS. [Sabiendo] que es lícito casarse, pero nunca cometer adulterio, pues va contra la utoridad de toda la Escritura, ¿Por qué no haces para agradar a Dios lo que es lícito y, sin embargo, presumes de hacer lo que es ilícito aunque ofenda a Dios? Me gustaría saber si los que no están casados, ni temen cometer adulterio ni se avergüenzan de ello, querrían, antes de casarse, que sus [futuras] esposas fuesen violadas por algún adúltero. Pues no habiendo quien acepte esto con agrado, ¿por qué cada cual no guarda a su esposa la fidelidad que desea que ella le guarde a él? ¿por qué el que ya está corrompido desea tener una mujer virgen? ¿por qué desea unirse a una mujer viva quien ya está muerto en su alma por el adulterio, según enseña la Escritura: "El que peque, y no otro, morirá"; y también lo que afirma amenazante el Apóstol: "Porque Dios juzgará a los fornicarios y adúlteros"; y aún más: "Ni los adúlteros... heredarán el Reino de Dios", y de nuevo: "Todos son adúlteros como horno encendido"? Cesáreo de Arlés, Sermones, 43, 2.

7, 8   Efraím es una torta sin dar la vuelta

EFRAÍM NO SE ARREPIENTE. El reino de la doce tribus se tornó similar al de todas las naciones, que se apartaron del Señor; se tornó igual a una torta de pan cocida bajo la ceniza, a la que no se le da la vuelta, es decir, no hace penitencia. Jerónimo, Comentarios a los profetas menores, Oseas, 2, 7, 8-10.

7, 9   Y él, sin enterarse

EXTRANJEROS SON LOS ESPÍRITUS DEL MAL. "Devoraron los extranjeros su fuerza, y él sin enterarse". Por extranjeros se suele entender a los ángeles malos, que comen la fuerza del hombre cuando consumen la virtud del alma pervirtiéndola. Esto padeció Efraím y no lo supo, porque en la tentación de los espíritus malos perdió la fuerza del alma y no entendió lo que había perdido. Gregorio Magno, Libros morales, 34, 3.

7, 11   Efraím es como una paloma

EFRAÍM ES INDIFERENTE. Suele preguntarse por qué Efraím es comparado con una paloma y no con otras aves. El resto de las aves se apresuran a proteger a sus hijos, arriesgando incluso la vida, y, cuando observan que un azor, una culebra, un cuervo o una corneja se acerca a su nido, vuelan de un lado para otro y se lanzan sobre ellos a picotazos y los desgarran con las uñas, manifestando el dolor paterno con gemidos lastimeros. La paloma es la única que no experimenta dolor por los pollos arrebatados ni los busca. Es, pues, acertado comparar con ella a Efraím, puesto que no se entera de que su pueblo está siendo aniquilado, sino que se muestra despreocupado de su salvación. Jerónimo, Comentarios a los profetas menores, Oseas, 2, 7, 11-12.


7, 13   ¡Ay de ellos, que se apartaron de mí!

TOMAR EL CAMINO ESTRECHO. Mientras [los equilibristas], con maravillosa habilidad, hacen su marcha aérea en el vacío, precisan de una gran cautela y un cuidado sin igual para mantenerse seguros, impávidos sobre aquella senda angosta, más estrecha que el paso de un hombre. De lo contario, la tierra, que es para todos la base natural y el apoyo más sólido y seguro, viene a ser en un momento su propia perdición. Y no es que ésta mude de naturaleza, sino que se precipitan en ella con todo el peso muerto de su cuerpo. De igual suerte, la bondad infatigable y la inmutable naturaleza de Dios no hieren a nadie. Nosotros somos quienes nos damos muerte, abandonando la altura celestial y tendiendo a las bajezas de la tierra. Mejor dicho: ese mismo abandono es la muerte. Así lo dice el profeta: "¡Ay de ellos por haberse apartado de mí! Ruina sobre ellos por haberse revelado contra mí". Juan Casiano, Colaciones, 23, 9.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 16, p. 71-74
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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