pecado y restauración de Israel


3Decid a vuestros hermanos: "Mi-pueblo", y a vuestras hermanas: "Compadecida".
   4Pleitead con vuestra madre, pleitead, que ella no es mi mujer, ni yo soy su marido; que se quite de la cara sus prostituciones y de los pechos sus adulterios, 5no sea que la deje desnuda, y la exponga como el día en que nació, y la vuelva como un desierto, la convierta en tierra yerma, y le haga morir de sed. 6No tendré compasión de sus hijos, porque son hijos de prostitución, 7porque su madre se ha prostituido, se ha deshonrado la que los concibió, pues se decía: "Me iré tras mis amantes, los que me dan mi pan y mi agua, mi lana y mi lino, mi aceite y mi bebida". 8Por eso, voy a vallar con zarzas sus caminos, la cercaré de tapias y no encontrará sus senderos. 9Irá tras sus amantes, pero no los alcanzará; los buscará, pero no los encontrará. Entonces se dirá: "Voy a volver a mi primer marido, que entonces me iba mejor que ahora". 10No conocía ella que era Yo quien le daba el trigo, el mosto y el aceite, el que le prodigaba la plata y el oro, que empleaban para Baal. 11Por eso, volveré a quitarle mi trigo a su tiempo y mi mosto en su sazón; le arrebataré mi lana y mi lino, con que cubría su desnudez. 12Ahora descubriré sus vergüenzas a los ojos de sus amantes, y nadie la librará de mi mano. 13Haré que cesen todos sus regocijos, sus fiestas, sus novilunios, sus sábados, y todas sus solemnidades. 14Arrasaré sus vides y sus higueras, de las que decía: "Ellas son mi salario, el que me han dado mis amantes". Pero Yo las cambiaré en selva, y se las comerán las bestias del campo. 15Le pediré cuenta de los días dedicados a los baales, a los que quemaba incienso, en los que se adornaba de anillos y collares y se iba tras sus amantes, mientras a Mí me olvidaba -oráculo del Señor-. 16Por eso, Yo mismo la seduciré, la conduciré al desierto y le hablaré al corazón. 17Y desde allí le daré sus viñas y el valle de Acor será puerta de esperanza; allí me responderá como en los días de su juventud, como el día que subió de la tierra de Egipto. 18Sucederá que aquel día -oráculo de Señor- me llamarás "Marido mío", y no me llamarás más "Baal mío". 19Quitaré de su boca los nombres de los baales, y no serán ya mencionados sus nombres. 20Aquel día sellaré a favor de ellos un pacto con las bestias del campo, con las aves del cielo y los reptiles de la tierra; arco, espada y guerra eliminaré de la tierra, y haré que reposen tranquilos (Oseas 2, 3-20).

2, 4   Ella no es mi mujer

RUPTURA DE LA INTIMIDAD. Ella no conservó su genuino amor hacia mí, sino que renegó de la familiaridad y hasta consideró completamente indigna de mención la pureza de una comunión espiritual conmigo. Y tampoco quiso producir los frutos de mi voluntad. Cirilo de Alejandría, Comentario a Oseas, 2, 2.

2, 7   Me iré tras mis amantes

LOS HEREJES Y LOS CISMÁTICOS. ¿Quién es aquella mujer adúltera, designada por el profeta Oseas, la cual dijo: "Me iré tras mis amantes, los que me dan mi pan y mi agua, mi lana y mi lino y todo lo que me conviene"? Bien puede aplicarse esto también al pueblo prevaricador de los judíos; pero ¿a qué otro imitan los falsos cristianos (éstos son todos los herejes y cismáticos), sino a los falsos israelitas? Agustín, Tratado sobre el bautismo, 3, 19, 26.

2, 9   Irá tras sus amantes, pero no los alcanzará

LOS NO CREYENTES SON COMO LOS ADÚLTEROS. "Irá tras sus amantes, pero no los alcanzará; los buscará, pero no los encontrará, y se dirá: Voy a volverme con mi primer marido, pues mejor me iba entonces que ahora". Luego, para que los seductores no tengan por suyos los bienes que conservan intactos y que proceden de la doctrina de la verdad, mediante los cuales atraen a las falsedades de sus dogmas y sus disensiones, para que no se tengan como propios esos bienes intactos, añade a continuación: "No ha querido reconocer que era Yo quien le daba el trigo, el mosto y el aceite, y el dinero que yo pródigamente le di y que ella convirtió en vasos de oro y plata para Baal". Agustín, Tratado sobre el bautismo, 3, 19, 27.

2, 11   Con que cubría su desnudez

NO CAER EN LA NEGLIGENCIA. "Y si al volver la encuentra vacía, limpia y adornada, se va y trae consigo otros siete espíritus peores que él, y entrando en aquella casa, se establece allí, y los últimos días serán peores que los primeros". Si prestamos atención a estas cosas, ¿cómo podemos dar lugar siquiera a una mínima negligencia? El espíritu inmundo ha habitado en nosotros antes de crecer, antes de haber venido Cristo, cuando, como dije antes, nuestra alma fornicaba lejos de Dios y estaba con sus amantes, los demonios. Pero después de haber dicho: "Volveré a mi primer marido" y de haber venido a Cristo, que la "creó a su imagen" desde el principio, es necesario que el espíritu adúltero deje el lugar cuando ve al legítimo marido. Hemos sido acogidos por Cristo, "ha sido purificada nuestra casa de sus pecados pasados" y "ha sido adornada" con los sacramentos de los fieles, que conocen los que han sido iniciados. Pero esta casa no merece tener a Cristo como huésped inmediatamente, a no ser que su vida y conversión sean santas, puras, incontaminadas, para merecer ser "el templo de Dios". Orígenes, Homilías sobre el Éxodo, 8, 4.

2, 14   Arrasaré sus vides y sus higueras

DIOS GUÍA A ISRAEL POR EL SENDERO JUSTO. "Yo, sin embargo, la apartaré", no de lo que es necesario y útil para la vida... sino de sus indecencias y de sus instintos de hacer daño en provecho suyo... Y lo mismo que resulta útil cercar sus caminos con empalizadas para que no persiga a sus amantes, así también ahora, como si estuviera corriendo cuesta abajo hacia su ruina y perdición, la misericordia de Dios parece apartarla y encarrilarla hacia la virtud, y ella acoge en su mente y en su corazón la luz del verdadero conocimiento divino y, como dije, ya no encuentra el antiguo camino trillado. Cirilo de Alejandría, Comentario a Oseas, 2, 14.

2, 16   Yo mismo la seduciré

RIQUEZA CELESTIAL. Todo cuanto es necesario para la vida y el conocimiento de Dios en Cristo, por quien y en quien seguimos contemplando al Padre, ha sido enriquecido con una esperanza que no se marchita, como dije, con la gloria, con el crecimiento de nuestra filiación divina, con la gracia y con el reinado junto a Cristo. Éstas son las posesiones de los santos, ésta la riqueza del cielo. Cirilo de Alejandría, Comentario a Oseas, 2, 15.

2, 20   Sellaré a favor de ellos un pacto

DESPOSORIOS DE DIOS Y LOS PECADORES. Así pues, a la manera que estos antepasados de Cristo tomaron mujeres rameras, así Dios se desposó con nuestra naturaleza, que había fornicado, imagen que los antiguos profetas aplican a la sinagoga. La sinagoga fue ingrata para con su esposo; más la Iglesia, una vez que fue librada de los males que le venían de sus padres, permaneció abrazada a Él. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 3, 4.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Vol. 16, p. 45-50
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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