las parejas de animales puros e impuros


1El Señor dijo a Noé:
-Entra en el arca, tú y toda tu casa, porque he visto que eres el único justo ante mí en esta generación. 2De todos los animales puros tomarás siete parejas, macho y hembra; y de los animales impuros, una pareja, macho y hembra. 3También de las aves del cielo, siete parejas, macho y hembra, para que sobreviva su descendencia sobre toda la faz de la tierra. 4Porque dentro de siete días yo haré que llueva sobre la tierra durante cuarenta días y cuarenta noches, y exterminaré de la faz de la tierra todos los seres que hice.
   5Noé hizo todo tal como el Señor le había ordenado.

7, 1-3   Entra en el arca, tú y toda tu casa

Pero un significado más profundo nos incita a considerar que el vigor de la mente en el alma y del alma en el cuerpo viene a ser lo que el padre de familia en su propia casa. Lo que es la mente en el alma es el alma en el cuerpo. Si la mente es segura, segura es la casa, segura es el alma; si el alma está incólume, también la carne está incólume. La mente sobria sujeta toda pasión, gobierna los sentidos, domina la palabra. Por tanto, rectamente dice el Señor al justo: "Entra tú", esto es, métete en ti mismo, en tu mente, en la parte principal de tu alma. Allí está la salvación, allí está el timón, fuera está el diluvio, fuera está el peligro. En verdad, si estuvieras dentro, también estarías seguro fuera, porque cuando la mente es dueña de sí misma, los pensamientos son rectos y las acciones buenas. Ambrosio, Sobre Noé, 11, 38.

7, 4-5   Noé hizo todo tal y como el Señor le había ordenado

Dios le concedió cien años mientras el arca era construida y ellos no se convirtieron, reunió animales que no habían visto pero no mostraron arrepentimiento, estableció una situación de calma entre los depredadores y los que sirven de presa, pero no temieron. Incluso después de que Noé y toda carne subieran al arca alargó siete días el viento, mientras que la puerta del arca quedaba abierta para ellos. Era portentoso que ningún león recordara su selva ni ningún género de animal o de ave se enfrentara a su rival. Sin embargo los hijos de esta generación, viendo [lo que pasaba] fuera y dentro del arca, no renunciaron a sus malvadas acciones. Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 6, 10, 2.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Vol. 1,  p. 194-196
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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