el diluvio inunda la tierra


17Cuarenta días duró el diluvio sobre la tierra. Las aguas fueron creciendo y levantaron el arca, de manera que se alzó por encima de la tierra. 18Las aguas arreciaron y aumentaron mucho sobre la tierra, pero el arca flotaba sobre la superficie de las aguas. 19Más y más crecieron las aguas sobre la tierra, de manera que todas las montañas quedaron cubiertas, incluso las más altas que hay bajo el cielo. 20Subieron las aguas quince codos por encima y quedaron cubiertas las montañas. 21Pereció todo ser que se mueve por la tierra: aves, ganados, fieras, todos los seres que llenaban la tierra y toda la humanidad. 22Todo lo que tenía algún modo de respiración, todo cuanto existía en la tierra firme, murió. 23Así el Señor exterminó todos los seres que había sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta el ganado, los reptiles y las aves del cielo: todo fue exterminado de la tierra; sólo quedaron Noé y los que estaban con él en el arca. 24Las aguas inundaron la tierra durante ciento cuarenta días (Génesis 7, 17-24).

7, 17-20   Cuarenta días duró el diluvio sobre la tierra

Pero veamos dónde tiene su comienzo este sagrado número de cuarenta días. En primer lugar lo encontramos en el Antiguo Testamento, en tiempos de Noé, cuando todos los hombres se preocupaban de la iniquidad, y ese número de días abrieron las cataratas del cielo para que se vertieran las lluvias de las aguas, y con cierta misteriosa imagen de la cuaresma se realizó la inundación del orbe de la tierra no por el diluvio que tuvo lugar, sino por el bautismo. Ciertamente tuvo lugar un bautismo mediante el cual fue lavada la iniquidad de los pecadores y que la justicia de Noé dio a entender. De la misma manera el Señor nos ha concedido una cuaresma de aquel tiempo, para que una vez cumplido ese número de días nos inunde la lluvia de la misericordia del cielo, y con el diluvio del bautismo nos inunde la lluvia del lavado salutífero, y -como sucedió entonces- desaparezca con las olas de las aguas la iniquidad de nuestros delitos y mantengamos la justicia de las virtudes. Esta es la razón por la que sucedió así en tiempos de Noé. En fecto, el bautismo es un diluvio para el pecador, una consagración para el fiel. Mediante el lavado del Señor se mantiene la justicia y desaparece la injusticia. Máximo de Turín, Sermones, 50, 2. 

7, 21-22   Todo cuanto existía en la tierra firme murió  

Y luego, pasados unos capítulos [del Génesis], ¿significaba gran cosa caer en la cuenta de que está escrito: "Y todo lo que tiene espíritu de vida y todo lo que estaba sobre la tierra seca fue destruido", cuando tratando del diluvio, decía que pereció cuanto vivía sobre la tierra?... Pero comprendemos que cuando la Escritura decía "espíritu de vida" y "alma viviente", según su estilo, quería dar a entender los animales, es decir, los cuerpos animados, que tienen, gracias al alma, el sentido corporal... De ellos dice también que tienen espíritu de vida. Aquí el griego no dijo pneuma sino pnoen. Agustín, La ciudad de Dios, 13, 24.

7, 23-24   Todo fue exterminado de la tierra

Como consta por las Escrituras que fue inundada toda la tierra y el agua se elevó quince codos por encima de todos los montes, es evidente que no hablaba de la tierra, sino del pueblo que obedece a Dios, a quien de antemano también había preparado descanso en Jerusalén, como se demuestra por los mismos símbolos que se dan en el diluvio. Quiero decir que por el agua, la fe y el madero, huirán del futuro juicio de Dios los que de antemano fueron previstos y hacen penitencia de sus pecados. Justino Martir, Diálogo con Trifón, 138, 3.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Vol. 1,  p. 199-202
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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