Dios da instrucciones a Noé para entrar en el arca


17Voy a traer el diluvio sobre la tierra para exterminar todo ser con hálito de vida bajo el cielo: todo cuanto hay en la tierra perecerá. 18Contigo, en cambio, voy a establecer mi alianza: entraréis en el arca tú y tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos. 19Meterás en el arca una pareja de todo ser vivo, de toda carne, para que sobrevivan contigo; serán macho y hembra. 20De cada especie de aves, de animales y de reptiles del suelo, de cada una entrará una pareja contigo para que sobrevivan. 21Tú mismo procúrate todo tipo de alimento, y almacénalo para que os sirva de comida a ti y a ellos.
   22Noé hizo todo tal y como Dios le había ordenado (Génesis 6, 17-22).

6, 17   Todo cuanto hay en la tierra perecerá

Desde el principio "el Espíritu de Dios se cernía sobre las aguas" Desde los primeros capítulos de la Escritura testifica que el agua es un elemento purificador. En los tiempos de Noé, Dios sumergió el pecado del mundo por el agua. Juan Damasceno, Exposición de la fe, 4, 9.

6, 18   Contigo, en cambio, voy a establecer mi alianza

Puesto que todas las cosas terrenas murieron con el diluvio y sólo el justo permanece eternamente, a él sólo se le dice: "Contigo, en cambio, voy a establecer mi alianza", porque él es el heredero de la gracia divina, el poseedor de la herencia celestial, partícipe de santísimos bienes. Ambrosio, Sobre Noé, 10, 35.

6, 19-21   Meterás en el arca una pareja de todo ser vivo

Suelen hacerse aquí algunas preguntas curiosas sobre si hubo en el arca mayor número del prefijado por Dios de los más pequeños animalillos, como son los ratones y saurios, las langostas y los escarabajos y, en fin, las moscas, las pulgas. A los que las hacen hay que advertirles, ante todo, que estas palabras: "Que reptan sobre la tierra", deben entenderse de tal manera que no impliquen necesidad de guardar en el arca los animales que puedan vivir en el agua, tanto en el fondo, así los peces, como en la superficie, así muchas aves. Por tanto, al decir: "Serán macho y hembra", se da a entender el fin, es decir, el reparar el género de animal. Y por consiguiente, no había necesidad de que estuvieran en el arca los animales que pueden nacer sin unión carnal, que proceden de las cosas o de la corrupción de las mismas, o que, si estuvieron, como están ordinariamente en las casas, pudieron hallarse en un número idefinido. En cambio, si se pretende que el más sagrado de los misterios, como era el tratado, y la figura de la realidad tan excelsa no puede expresarse con exactitud en la verdad histórica sin que ese número limitado de animales que naturalmente no puede vivir en el agua estuviese allí, respondo que esto fue incumbencia divina, no de estos o de aquellos hombres. La verdad es que no los introducía Noé cogiéndolos, sino que viniendo y entrando ellos, él permitía su entrada. Agustín, La ciudad de Dios, 15, 27.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Vol. 1,  p. 192-193
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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