los hijos de Dios se unen a las hijas de los hombres


1Cuando los hombres comenzaron a multiplicarse sobre la faz de la tierra y les nacieron hijas, 2los hijos de Dios vieron que las hijas de los hombres eran hermosas, y tomaron por mujeres a las que más les gustaban etre todas ellas. 3Entonces dijo el Señor:
   -No permanecerá siempre mi espíritu en el hombre, porque no es más que un ser mortal: sus días serán ciento veinte años.
   4En aquellos días -y también después- había gigantes en la tierra, cuando los hijos de Dios se unieron a las hijas de los hombres y ellas les dieron hijos; éstos fueron los héroes famosos de antaño (Génesis 6, 1-4).

6, 1-2   Los hijos de Dios y las hijas de los hombres

La inteligencia se extravía por el placer, y la integridad de la razón se degrada si no es educada por el Logos, y se desliza hacia la grosería: y ésta es el pago de su error. Ahí tienes el ejemplo de los ángeles del cielo, que trocaron la belleza de Dios por una belleza caduca y cayeron desde el cielo hasta la tierra. Clemente de Alejandría, El pedagogo, 3, 14, 1-2.

6, 3   No permanecerá siempre mi espíritu en el hombre

La justicia divina entregó al humano linaje a la tiranía de Lucifer a causa del pecado del primer hombre; pecado que se transmite originalmente a cuantos nacen de la unión de los dos sexos; y el débito de nuestros primeros padres grava sobre todos los descendientes. Esta entrega al demonio la encontramos ya expresada en el Génesis, donde se dice a la serpiente: "Comerás tierra"; y al hombre: "Polvo eres y en polvo te convertirás", se pronuncia setencia de muerte corporal, porque habiendo sido el hombre creado recto, no habría gustado la muerte de haber permanecido en justicia. Y cuando dice al viviente: "Polvo eres", da a entender que todo el hombre fue cambiado en algo peor. La expresión "polvo eres" equivale a aquella otra: "No permanecerá mi espíritu en estos hombres, pues son carne". Y entonces entregó al hombre el poder de aquel a quien había dicho: "Tierra comerás". Agustín, De la Santísima Trinidad, 13, 12, 16.

6, 4   Los héroes famosos de antaño

La casa de Caín, puesto que la tierra había sido maldecida y no les daba su feracidad, conseguía escasos frutos, pues la tierra estaba privada de su fuerza, según ocurre [aún] hoy: hay siembras, frutos y hierbas que tienen fuerza y los hay que no la tienen. Pues en ese tiempo estaban malditos, eran hijos de malditos y habitaban en una tierra de malditos: por ello recogían y comían [alimentos] privados de fuerza, y los que comían esos alimentos mortecinos no tenían fuerza. Pero los hijos de Set, que eran descendientes del bendito, habitaban en la tierra que lindaba con el paraíso: su producción era abundante y feraz. Por eso, los cuerpos de los que la comían eran fuertes y poderosos. Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 6, 5, 1.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Vol. 1,  p. 183-185
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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