Los ríos del Edén


10Un río nacía en Edén para regar el jardín, y desde allí se dividía formando cuatro brazos. 11El nombre del primero es Pisón, que rodea todo el país de Javilá, donde hay oro. 12El oro de aquel país es puro, allí hay también bedelio y piedra de ónice. 13El nombre del segundo río es Guijón, que rodea todo el país de Etiopía. 14El nombre del tercer río es Tigris, que recorre el oriente de Asiria. Y el cuarto río es Éufrates. (Génesis 2, 10-14).

2, 10-14   Un río nacía en Edén para regar el jardín

[Moisés] volvió a escribir sobre el río que sale de su interior y que se divide en cuatro veneros fuera de él, cuando dijo: "un río salía del Edén como fuente de riego del paraíso". También aquí llama Edén a la deliciosa tierra del paraíso; si ese río regaba el paraíso no se dividiría en cuatro veneros fuera de él. Digo yo que se llama fuente de riego por convención, pues los árboles espirituales del paraíso no necesitan ser regados con agua. Pero [quizás], al ser espirituales, beben de las benditas y espirituales aguas que hay allí. Tampoco discutiré acerca de esto. Los cuatro ríos que surgen de aquel río no son semejantes en su sabor al sabor de la corriente principal: si nuestros territorios se diferencian por el agua, estando bajo una maldición [provocada por] una sentencia, ¿cuánto más se diferenciará el sabor de la bendita tierra del Edén del sabor de la tierra que ha sido colocada bajo la sentencia del Justo por culpa de la transgresión de Adán? Los cuatro ríos son: el Pisón, que es el Danubio, el Guijón, que es el Nilo, y el Tigris y el Éufrates, entre los que vivimos nosotros. Aunque se concen los lugares por los que fluyen, [se desconoce] la corriente principal. Puesto que el paraíso está situado en un lugar muy elevado, sus cauces son absorbidos y descienden hasta el interior del mar como [si fueran] a través de una larga conducción, y pasan por dentro de la tierra que hay bajo el mar hasta [llegar a su lugar]. [Entonces la tierra] hace surgir a cada uno de ellos en cuatro lugares: [al Pisón en el este,] al Gijón en el sur y al Tigris y al Éufrates en el norte. Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 2, 6.

Significado simbólico de los cuatro ríos. "La fuente -dice- se divide en cuatro ríos. El nombre de uno es Fisón: éste es el que rodea la región de Evila [Javilá], donde hay oro. El oro de aquel país es fino, y allí se encuentra el rubí y la esmeralda. El segundo río se llama Geón [Guijón], y es el que rodea toda Etiopía. El tercer río se llama Tigris, y es el que corre hacia Asiria. Y el cuarto río es el Éufrates". Por tanto, éstos son los cuatro ríos, a saber, el Fisón -que según los hebreos se llama Fisón, mientras que, según los griegos, se llama Ganges- que discurre hacia la India. El Geon [Guijón] es el Nilo, que recorre la tierra de Egipto y Etiopía. La región limitada por el Tigris y el Éufrates se llama Mesopotamia, precisamente porque está situada entre dos ríos, cosa que el mismo nombre y la opinión común expresan con claridad, incluso para quienes viven lejos. Pero ¿en qué sentido la sabiduría de Dios es llamada fuente? Ésta es la fuente que el Evangelio declara: "Si alguno tiene sed, venga a mí y beba". también es la fuente de la que el profeta dice: "Venid y comed mis panes y bebed el vino que os he preparado". Y así como la sabiduría es fuente de vida, fuente de gracia espiritual, así también es fuente de todas las demás virtudes que nos dirigen por el camino de la vida eterna. Por tanto, de esta alma que ha sido cultivada, no de aquella que es inculta, procede esa fuente para regar el paraíso, es decir, los planteles de las distintas virtudes, que son los cuatro cursos en los que se divide esta sabiduría. ¿Cuáles son los cursos de las virtudes sino, uno que es el de la prudencia, otro es el de la templanza, un tercero el de la fortaleza, y un cuarto el de la justicia? Virtudes que también los sabios de este mundo, tomándolas de nosotros, las trasladaron a sus obras escritas. Por tanto, así como la fuente es la sabiduría, así también estos cuatro ríos que brotan de aquella fuente son las aguas abundantes de las virtudes.
   Así pues, el Fisón, representa la prudencia y por esto tiene oro fino, el espléndido rubí y la esmeralda. En efecto, consideramos frecuentemente como oro aquellos que son reconocidos como prudentes, y de ahí que el Señor diga por medio del profeta: "Les di plata y oro"; y David, refiriéndose a los prudentes, dice: "Mientras vosotros dormíais en los apriscos, las alas de la paloma se han cubierto de plata, y sus plumas de oro brillante", porque quien ha penetrado profundamente el Antiguo y el Nuevo Testamento puede avanzar, con abundancia de frutos, en los mismos misterios de la sabiduría de Dios. Este oro, por tanto, hay que llamarlo oro fino, no oro de moneda, que es corruptible y terreno. Se encuenta también -dice- el espléndido rubí, en el cual vive la pequeña llama de nuestra alma. Allí también se encuentra la esmeralda, que parece mostrar el aspecto verde y vivo de su color. Reverdecen, en efecto, los arbustos que viven; mientras, en cambio, se va secando todo lo que muere; reverdece la tierra cuando florece, reverdecen también las semillas cuando brotan. Oportunamente se ha puesto en primer lugar el río Fisón, que según los hebreos es llamado Pheoyson, es decir, "mutación de la lengua" porque no discurre en torno a un solo pueblo, sino que también lo hace a través de Lidia. La prudencia, que ayuda a muchos, no es una virtud estrecha, sino que es rica en utilidades. Por tanto, es la primera virtud, para que si alguno saliera del paraíso sea acogido por el río de la prudencia, para que no pueda secarse al instante, sino que mediante ella pueda volver fácilmente al paraíso. Este río está frecuentado por muchos hombres y de él se dice que tiene una gran belleza y una gran fertilidad. Por eso, la prudencia se representa con la imagen de este río, que ha traído muchos frutos en la venida del Señor de la salvación. Y, además fluye hasta los confines de la tierra, porque por la sabiduría han sido redimidos todos los hombres. De ahí que esté también dicho: "Por toda la tierra se ha difundido su voz y sus palabras llegan hasta los confines del orbe".
   El segundo río es el Geón [Guijón] junto al cual les fue dado el mandato a los israelitas, cuando estaban en Egipto, de salir de Egipto y de comer el cordero con los lomos ceñidos, lo que es signo distintivo de la templanza. En efecto, conviene celebrar la Pascua del Señor castos y santificados. Por tanto, junto a este río se estableció primeramente la observancia de la Ley, puesto que este nombre [Geón] significa cierta hendidura de la tierra. Así pues, del mismo modo que una hendidura absorve la tierra y cualesquiera basura o inmundicia que allí se encuentre, así también la castidad acostumbrada a eliminar las pasiones del cuerpo; y con razón, pues allí por primera vez se estableció la observancia de la Ley, ya que por la Ley se absorve el pecado de la carne. Oportunamente, pues, se dice que el Geón, -que es figura de la castidad- circunda la tierra de Etiopía, para que purifique el cuerpo impuro y apague el incendio de la carne más envilecida; pues Etiopía, según la interpretación latina, significa tierra abyecta y vil. ¿Qué cosa es más abyecta que nuestro cuerpo, qué cosa es lo que se asemeja a Etiopía, sino lo que es también negro a causa de las tinieblas de los pecados?
   El tercer río es el Tigris, que discurre por Asia y hacia el cual Israel prevaricador fue llevado cautivo. De este río se dice que es el más veloz de todos los ríos, que habitan junto a él los asirios, es decir, "los que dirigen", que ésta es la tradución de ese nombre. Por consiguiente, cualquiera que con fortaleza de ánimo haya sometido los vicios que apartan del camino del deber y se dirija hacia las cosas celestiales, éste debe de considerarse semejante a tal río. Por eso, también la fortaleza emana de aquella fuente que se encuentra en el paraíso, y la fortaleza, con su curso rápido, traspasa todo lo que se le opone, y su camino no se detiene ante ningún obstáculo que se le ponga delante.
   El cuarto río es el Éufrates, que en latín significa "fecundidad y abundancia de frutos" y es como signo distintivo de la justicia que alimenta a toda alma. Ninguna virtud, en efecto, parece que produce frutos más abundantes que la equidad y la justicia, ya que aprovecha más a las otras virtudes que así misma y deja a un lado sus propios intereses anteponiendo la común utilidad. Muchos consideran que el nombre de Éufrates deriva del griego apo tou euphrainesthai, es decir, de "alegrarse", porque el género humano de nada se alegra más que de la justicia y de la equidad. Consideramos el motivo por el que se describen los lugares por donde discurren los demás ríos, mientras que no se describen las regiones por donde discurre el Éufrates. Se afirma, en efecto, que su agua tiene una cualidad vital que restaura y fortalece, de ahí que los sabios hebreos y asirios lo llamaron Auxe [incremento], en contraposición a como se habla del agua de los otros ríos. Puesto que donde está la prudencia, allí está también la malicia; donde está la fortaleza, allí está la ira; donde está la templanza, allí está la intemperancia y los otros vicios; en cambio, donde está la justicia, allí reina la concordia de todas las demás virtudes. Por tanto, no se conoce por los lugares donde discurre, es decir, no se conoce en parte; pues, la justicia no es en sí divisible en partes, sino que es como la madre de todas las virtudes. En estos cuatro ríos se señalan las cuatro virtudes principales. Ambrosio, El paraíso, 3, 14-18.

Los ríos del Edén son el océano que rodea la tierra. El océano es como un río que circunda toda la tierra. De él parece que me habla la Escritura, pues dice: "un río sale del paraíso", que tiene agua potable y dulce. Éste conduce las aguas a los mares. En los mares se estancan, y por estar sin movimiento se vuelven salobres. El sol atrae hacia arriba lo que es más ligero, de donde se forman las nubes y nacen las lluvias. Y por medio de la filtración el agua se dulcifica. Éste océano se divide en cuatro ramas, esto es, cuatro ríos. El nombre del primero es Feisón [Pisón]; es el Ganges de la india. El nombre del segundo es Gueón [Guijón]; este es el Nilo, que desciende de Etiopía a Egipto. El nombre del tercero es Tigris. Y el nombre del cuarto es Éufrates. Juan Damasceno, Exposición de la fe, 2, 9.

Los ríos del Edén prefiguran simbólicamente a la Iglesia cristiana. La Iglesia es como un paraíso que produce árboles frutales dentro de sus muros... Estos árboles los riega por medio de cuatro ríos, que son los cuatro Evangelios, por los que se distribuye la gracia del bautismo con el agua de la salvación y del cielo. ¿Acaso puede regar de las fuentes de la Iglesia quien no está dentro de ella? ¿Acaso puede ofrecer la bebida de la salud a alguien quien, por estar desviado y condenado por sí mismo y relegado fuera de las fuentes del paraíso, se secó y desfalleció de sed eterna? Cipriano, Cartas, 73, 10.

Los arroyos refrescantes del paraíso. Estremecedores son en verdad los misterios de la Iglesia, estremecedor, sin duda, el altar. Del paraíso brotó una fuente que derramaba ríos materiales, mas de esta mesa brota una fuente que lanza ríos espirituales. Junto a esta fuente han sido plasmados, no sauces estériles, sino árboles que yerguen hasta el cielo y que tienen fruto en sazón e imperecedero. Si alguno se abrasa, venga junto a esta fuente y enfríe su ardor. Destruye el ardor y refresca lo abrasado, no sólo lo quemado por el sol, sino también lo inflamado por las saetas de fuego, ya que tiene su principio y raíz en el cielo, donde también se refresca. Muchos son los torrentes de esta fuente que el Paráclito deja correr, y el Hijo es mediador, no abriendo camino con la azada, sino disponiendo nuestro ánimo. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Juan, 46, 4.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Vol. 1,  p. 116-120
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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