El mandato de Dios


15El Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín del Edén para que lo trabajara y lo guardara; 16y el Señor Dios impuso al hombre este mandamiento:
   -De todos los árboles del jardín podrás comer; 17pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que comas de él, morirás. (Génesis 2, 15-17). 

2, 15   Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín de Edén para que lo trabajara

Los primeros padres fueron colocados en Edén por su perfección. ¿Cómo pudo poner Dios en el paraíso, para cultivarlo y custodiarlo, un ser absolutamente imperfecto? Al que podía cultivar el árbol de la vida y todo lo que Dios había plantado y además hizo crecer, no sería razonable que se calificara de un ser imperfecto. ¿No sería más bien que ese ser era perfecto pero se hizo imperfecto por su desobediencia y tuvo entonces necesidad de alguien que remediara su inperfección? Por esta razón fue enviado el Salvador. Orígenes, Comentario al Ev. de Juan, 13, 37, 240-241.

El trabajo del hombre en Edén no era fatigoso. En cuanto a que el hombre fue colocado en el paraíso para trabajarlo y custodiarlo, diremos que aquel trabajo era más bien honroso que fatigoso, porque uno es el trabajo del paraíso y otro muy distinto el de la tierra, al que fue condenado después por causa del pecado. Cuál fuera la condición de aquel trabajo lo demuestran las palabras que se añadieron "para custodiarlo", pues en la tranquilidad de la vida feliz, donde no existe la muerte, todo trabajo se reduce a custodiar lo que se tiene. Agustín, Del Génesis contra los maniqueos, 2, 11, 15.

Cultivar y guardar el jardín. Realizar y guardar el mandamiento de Dios, creer en el mandamiento, era obra de Dios... Por tanto, igual que creer en Cristo es una obra, así también lo es creer en el mandamiento, porque si Adán toca el árbol, muere, pero si no lo toca vive. En palabras espirituales "obra" es la observancia del mandamiento. Ejecutarlo, dice, y guardarlo. ¿De quién? No había ladrón, no había merodeador, no había embaucador. ¿Guardarlo de quién? Guardarlo para sí mismo, para no perecer al haberlo transgredido. Para, guardando el mandamiento, preservar para sí el paraíso. Severiano de Gábala, Sobre la creación del mundo, 5, 5.

Este trabajo demuestra la inclinación natural del hombre a trabajar. Al principio [Dios] creó al hombre; Adán recibió en el paraíso el mandato de trabajarlo y cuidar de él, y por eso el trabajo es en nosotros una inclinación natural, un movimiento hacia el bien. Por tanto, los que se abandonan en la ociosidad y la pereza, aunque sean espirituales y santos, se precipitan ellos mismos a la servidumbre antinatural de las pasiones. Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis 10, 3.

2, 16-17   Del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás

El árbol del conocimiento marca unos límites. En medio colocó y plantó el árbol del conocimiento, lo mezcló con temor y marcó sus límites con terror para limitar con él el perímetro interior [del paraíso]. Dos cosas escuchó Adán en ese único [mandato]: Que no comieran del [árbol] para que, teniendo miedo de él comprendieran que no estaba permitido pasar al interior del [recinto]. Efrén de Nisibi, Himnos sobre el paraíso, 3, 3.

El valor de cada árbol. En efecto, Dios dice: "De todo árbol que hay en el paraíso comerás el fruto". Pienso que a través de todas las criaturas eres presentado ante mí como Creador; como si dijera: De todos los árboles produzco un fruto, Yo, la verdadera vida. Todos los árboles producirán el fruto de la vida para ti, que es mi participación. Adquirirás la constitución de la propia existencia, pues así serás inmortal. Juan Damasceno, Exposición sobre la fe, 2, 11.

¿Cuándo recibió su nombre el árbol del conocimiento del bien y del mal? En vano, pues, muchos se mortifican sin piedad buscando cómo haya podido llamarse el árbol, árbol del conocimiento del bien y del mal, antes de que el hombre hubiera quebrantado en él el precepto y de que por propia experiencia conociera qué diferencia había entre el bien que perdió y el mal que adquirió. El árbol recibió tal nombre a fin de que se evitara, no tocándole según lo mandado, lo que se sentiría al tocarle contra lo preceptuado; puesto que no se hizo el árbol del conocimiento del bien y del mal porque comieron de él, estando prohibido; aunque hubieran sido obedientes y no hubieran arrancado nada de él quebrantando el mandato, rectamente se llamaría así, porque esto les acontecería a los hombres si llegasen a tocarlo. Agustín, del Génesis a la letra. 8, 15, 33.

Los dos árboles. Se erguía el árbol de la vida como un trofeo. El árbol del conocimiento como competición, como ejercicio gimnástico. Al guardar el mandato acerca de este árbol, ganas el trofeo. Y mira lo más sabroso: todos los árboles del paraíso eran florecientes en todas partes, en todas partes afloraban. Sólo en medio estaban los dos como palestra y estadio. Severiano de Gábala, Sobre la creación del mundo, 6, 1.

La prohibición de Dios es una señal de su gracia. Sabiendo además que la voluntad libre del hombre podría inclinarse en uno y otro sentido, les tomó la delantera y fortaleció la gracia que le había dado, con la imposición de una ley y un lugar determinado. Los introdujo, en  efecto, en el paraíso y les dio una ley, de modo que si ellos guardaban la gracia y permanecían en la virtud, tendrían en el paraíso una vida sin tristeza, dolor ni preocupación, además de la promesa de inmortalidad en los cielos. Pero si transgredían esta ley y, dándole la espalda, se convertían a la maldad, que supieran que, les esperaba la corrupción de la muerte, según su naturaleza, y que no vivirían ya en el paraíso, sino que en el futuro morirían fuera de él y permanecerían en la muerte y en la corrupción. Atanasio, La Encarnación del Verbo, 1, 3. 

La ley concedida a Adán en el paraíso. Concedió [Dios a Adán] la ley como objeto para su libre albedrío. Pero aquella ley era un mandato por el que se prescribía tanto sobre los árboles de los que podía comer como de los que le estaban prohibidos. Uno era el árbol de la ciencia, no porque fuera malo desde el momento en que fue creado ni porque Dios tuviera envidia -para que los enemigos de Dios no hablen mal ni imiten a la serpiente-, sino que era bueno si se hubiese comido de él cuando fuera permitido -yo mismo pienso que éste era el árbol de la contemplación, hacia el cual pueden subir únicamente con seguridad los más perfectos-; pero no era bueno para los espíritus más sencillos y todavía ávidos de deseos. Porque el alimento perfecto y sólido no es bueno para los que todavía se encuentran en edad infantil y que tienen necesidad de leche. Gregorio Nacianceno, Discursos, 45, 8.

Por transgredir la prohibición de Dios se condena a la humanidad entera. Cuando Dios dijo al primer hombre que colocó en el paraíso, hablando del fruto prohibido: "En cualquier día que comiereis de él, moriréis de muerte", no hizo extensiva esta conminación sólo a la primera parte de la muerte primera, en que el alma se ve privada de Dios; ni solamente a la segunda parte, en la que el cuerpo se ve privado del alma; ni sólo a la primera muerte total, en que el alma, separada de Dios y del cuerpo, es castigada, sino a cuantas muertes hay, hasta la última, llamada segunda y que no tiene quien la siga... Agustín, La ciudad de Dios, 13, 12.

El árbol en forma de cruz trae la salvación a la humanidad. En un instante condené a Adán, y en un instante te perdono. Se dijo a aquél: "El día en que comáis, moriréis"; pero tú hoy obedeciste a la fe, hoy es tu salvación. Aquel cayó por culpa del árbol, y tú eres introducido en el paraíso por causa del árbol de la cruz. No temas a la serpiente, no te arrojará porque cayó del cielo. Y mira que no te digo: hoy irás, sino "hoy estarás conmigo en el paraíso". Cirilo de Jerusalén, Las catequesis, 13, 31.

El árbol del discernimiento representa el poder de la ciencia. El árbol del conocimiento del bien y del mal es el discernimiento de una visión dividida en varias partes. Esta visión es el conocimiento de la propia naturaleza. El conocimiento de uno mismo es bueno en los perfectos, que caminan en la visión divina y, a partir de sí mismo, se ocupa en las grandes obras del Creador. Así, pues, no se teme el cambio en los perfectos, debido a que ya en la vida temporal son introducidos a una cierta posesión de la visión divina. En cambio, este conocimiento no es bueno para los que todavía son imperfectos y curiosos por el deseo, debido a la inseguridad de su permanencia en lo que es mejor. Tampoco son atraídos con firmeza por la atención del único Bien. El cuidado del propio cuerpo puede tirar en sentido contrario, con lo que atrae sobre sí mismo esa atención. Juan Damasceno, Exposición sobre la fe, 2, 11.

El árbol de a vida. Algunos han supuesto que el paraíso era sensible, otros que intelectual. Pero a mí me parece que como el hombre ha sido creado a la vez sensible e intelectual, así también el sacratismo jardín, al ser sensible e intelectual, cobra una doble fuerza. Así, el hombre vivía al aire libre con su cuerpo en la región sagrada y extraordinariamente hermosa, como hemos referido. Además, con el alma habitaba un lugar superior y hermosísimo sin medida, ya que su casa tenía a Dios como morador. También el hombre poseía el vestido de la felicidad y la gracia lo recubría. Se deleitaba con el único y más dulce fruto de la visión divina, al igual que otro ángel, y de esa manera se alimentaba. Por ello, con precisión y justicia es llamado árbol de la vida, pues la vida no es sesgada por la muerte: la dulzura de la participación divina se da a los amigos. Juan Damasceno, Exposición de la fe, 2, 11.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Vol. 1,  p. 121-124
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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