El jardín del Edén y el árbol de la vida


8El Señor Dios plantó un jardín en Edén, al oriente, y puso allí al hombre que había formado. 9El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles agradables a la vista y buenos para comer; y además, en medio del jardín, el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal. (Génesis 2, 8-9).

2, 8   Dios plantó un jardín en Edén

El Edén se creó en el tercer día. Edén es la tierra del paraíso: [Dios] la plantó al tercer día. Moisés lo explica diciendo: "El Señor hizo germinar de la tierra todo [tipo] de árbol agradable a la vista y bueno para el alimento". Y para mostrar que estaba refiriéndose al paraíso, añadió: "el árbol de la vida estaba en medio del paraíso, y el árbol del conocimiento del bien y del mal". Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 2, 5, 2.

No se trata de una narración cronológica. Algunas cosas se exponen de tal suerte como si siguieran en el orden del tiempo [a las anteriores] o se narrasen como continuación de hechos, cuando sin duda la narración ocultamente se refiere a sucesos anteriores que fueron silenciados. Si no tenemos presente esta regla, se cae en algún error. Así en el Génesis, donde se dice: "Y plantó el Señor Dios un paraíso en el Edén hacia el oriente, y puso en él al hombre a quien había formado; y produjo Dios aún de la tierra todo árbol hermoso y bueno para comer", de tal manera que se dijo esto como si ello hubiera sido hecho después de haber puesto Dios al hombre en el paraíso, siendo asi que conmemorados brevemente ambos hechos, esto es, que Dios plantó el paraíso y que puso en él al hombre a quien formó, vuelve atrás y recapitulando dice que lo había omitido, a saber, cómo fue plantado el paraíso produciendo Dios de la tierra todo árbol hermoso y bueno para comer. Agustín, Sobre la doctrina cristiana, 3, 36, 52.

Dios plantó un jardín. Y, querido, cuando escuchas que "Dios plantó un jardín en el Edén, al oriente", interpreta la palabra "plantó" en el sentido que conviene a Dios, esto es, que lo ordenó. Y por lo que hace al resto de la frase, confía en que ha existido un jardín, y que ha existido en el lugar donde la Escritura lo indicó, Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 13, 13.

El Edén representa a la Iglesia. La Iglesia es como un paraíso que produce árboles frutales dentro de sus muros, y los que de ellos no dan frutos son arrancados y echados al fuego. Cipriano, Cartas, 73, 10.

Si el paraíso está en un lugar y tiempo preciso. Ahora bien, si el paraíso es tal que sólo Pablo, o acaso algún otro semejante a Pablo, ha podido verlo mientras estaba todavía en vida, sin poder recordar si lo había visto con el cuerpo o sin el cuerpo, y ha escuchado palabras que le han sido prohibido divulgar, ¿cómo, finalmente, podemos explicar el lugar del paraíso, que no hemos podido ver y que, si hubiéramos podido ver, nos estaría prohibido darlo a conocer a otros? Al mismo tiempo, si Pablo temeroso de exaltarse a sí mismo por la sublimidad de las revelaciones que tuvo, ¡cuánto más nosotros debemos estar atentos al tratar con mucha precisión una cosa, cuya sola revelación constituye un peligro! Así pues, no debemos tener en poco este asunto del paraíso. Ambrosio, El Paraíso, 1, 1. 

¿Por qué los cristianos rezan mirando al Oriente?

Por esta causa todos miramos hacia oriente cuando oramos, pero pocos sabemos que estamos buscando la antigua patria, el jardín que Dios plantó en el Edén, hacia el oriente. Basilio de Cesarea, El Espíritu Santo, 27, 66.

2, 9   El árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal

La plantación de los árboles significa la relación entre la vida y el conocimiento. La Escritura no es equívoca: Dios, al principio, plantó en medio del jardín el árbol de la vida, mostrando la vida por medio del conocimiento. Los primeros hombres, al no usar de él, se quedaron desnudos por el engaño de la serpiente. Pues no hay vida sin conocimiento, ni conocimiento seguro sin vida verdadera. Por ello fueron plantados el uno al lado del otro. Carta a Diogneto, 12, 3-4.

El árbol de la vida simboliza a la sabiduría y a Cristo. Pero si la sabiduría es el árbol de la vida, Cristo es la sabiduría en persona. Estás viendo, pues, que quien es hombre bienaventurado y santo se asemeja a este árbol, es decir, a la sabiduría. Por tanto, os dais cuenta de que el varón justo y bienaventurado, que no siguió el consejo de los impíos, que no obró de aquella manera, sino de ésta, será como el árbol plantado a orillas del cauce del agua, es decir, se asemejará a Cristo, que "nos hizo sentar en el Reino de los cielos y reinar junto a Él". Estáis, pues, viendo cómo reinaremos en el cielo en compañía de Cristo. Os dais cuenta de cómo este árbol se halla plantado en el paraíso y con él plantados estamos todos nosotros. Jerónimo, Tratado sobre los Salmos, 1.

Cristo nos restaura a la vida por el árbol de la vida. Cristo es levantado sobre el madero y es clavado allí, pero nos recrea por medio del árbol de la vida, salva al ladrón crucificado con Él y difunde las tinieblas por todo lo visible. Gregorio Nacianceno, Discursos, 29, 20.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Vol. 1,  p. 114-116
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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