Dios descansa el último día


1Y quedaron concluidos el cielo, la tierra y todo su ornato. 2Terminó Dios en el día séptimo la obra que había hecho, y descansó en el día séptimo de toda la obra que había hecho. 3Y bendijo Dios el día séptimo y lo santificó, porque ese día descansó Dios de toda la obra que había realizado en la creación. (Génesis 2, 1-3).

2, 1-2   Descansó en el día séptimo

¿De qué trabajo descansó Dios? Las criaturas que comenzaron a existir en el primer día fueron [creadas] por un acto de la voluntad, excepto la luz, que fue [creada] por medio de la Palabra. El resto de las obras que vinieron después fueron [creadas] por medio de la Palabra. ¿Qué trabajo nos supone [pronunciar una palabra]? Pues ¿qué trabajo le supone a Dios pronunciar una sola palabra al día? Si Moisés que dividió el mar con la palabra y el cayado, no se fatigó, y Josué, hijo de Num, que paró las luminarias con su palabra, no se fatigó, ¿qué trabajo supuso para Dios crear el mar y las luminarias con la Palabra? No fue porque descansara en [ese día] ni porque estuviera fatigado por lo que Dios lo bendijo y lo santificó, ni porque se lo fuera a dar al pueblo, que no entendía que desde que fueron liberados de la esclavitud debían dar descanso a sus esclavos y a sus siervas. Se lo dio para que descansaran, aunque fuera por obligación: se lo dio para representar por medio de un sábado temporal, el misterio del sábado verdadero que se daría a un pueblo eterno en el mundo eterno. Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 1, 32-33.

El descanso de Dios y la resurrección de Cristo. Finalmente les dice: "No soporto ni vuestros novilunios ni vuestros sábados". Mirad lo que dice: No me agradan los sábados actuales, sino el que yo he hecho, en el que, tras haber conducido todas las cosas al descanso, haré el comienzo de un octavo día que es el comienzo de otro mundo. Por ello, nosotros celebramos el día octavo con alegría, en el cual, además Jesús resucitó de entre los muertos y, tras manifestarse subió a los cielos. Carta de Bernabé, 15, 8-9.

Dios descansa pero su providencia continúa. Cuando la Escritura dice en este punto que Dios descansó de sus obras, nos indica que el séptimo día dejó de trabajar y de traer del no ser al ser. Pero, cuando Cristo dice "mi Padre hasta ahora trabaja, y también Yo trabajo", pone de manifiesto su incensante cuidado por nosotros. Denomina trabajo al mantenimiento de lo creado, al hecho de otorgar su permanencia y su conducción a través del tiempo. Si no fuera así, ¿cómo podría haber susistido todo sin la mano que guía desde lo alto y gobierna tanto las cosas visibles como al género humano? Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 10, 18.

Los trabajos buenos de esta vida conducen al descanso eterno. Puesto que el Señor creó el mundo en seis días y el séptimo descansó, la ley mandaba que el pueblo trabajase seis días y descansara el séptimo; que labrase la tierra y la segara durante seis años y el séptimo interrumpiera los cultivos. Todos estos mandatos nos recuerdan simbólicamente que cuantos en este mundo, que consta de seis edades, se dedican a realizar obras buenas para el Señor, en la vida futura serán introducidos por el Señor en el sábado, es decir, en el descanso eterno. Beda, Homilías sobre los Evangelios, 2, 17.

2, 3   Bendijo Dios el día séptimo y lo santificó

La primavera de la creación. En el principio de los meses Dios creó el cielo y la tierra, porque era conveniente que el mundo comenzase en ese tiempo. Entonces el clima primaveral era conveniente para todas las cosas. De ahí que el año exprese también la imagen de un mundo que comienza a nacer... Por tanto, para mostrar que era en primavera el momento de la creación del mundo, la Escritura dice: "Este será para vosotros el comienzo de los meses, será para vosotros el primero de los meses del año", llamando primer mes al tiempo de primavera. Era conveniente que el principio del año fuese el principio de la generación. Ambrosio, Los siete días de la creación, 1, 4, 13.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia, 
Antiguo Testamento, Vol. 1,  p. 106-108
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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